sábado, 26 de mayo de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Muerte y vida IV parte (final)
Termino este artículo acerca de la muerte/vida, una dualidad permanente, con esta IV parte, que espero que sepais disculpar por larga y con la que quiero dejar patente mi apuesta por la vida, ya que soy de los que creen que "nacemos para vivir y no para morir", siendo la muerte la conclusión inevitable de la vida, al tiempo que la idea y la experiencia simbiótica que se da en cada momento de la existencia.
No vivimos en la actitud de muerte, y sin embargo nuestros actos, pensamientos y emociones tienen tanto más sentido cuanto que son acompañados de la inequívoca presencia de su finitud.
Gracias a todos los que me acompañais con vuestros comentarios, dudas o experiencias. Sois para mi compañeros inseparables de este blog.
La práctica totalidad del artículo fue escrita por mi para la Revista de la AETG/2011.
"... como vuesa merced mejor sabe, todos estamos sujetos a la muerte y que hoy somos y mañana no, y que tan presto se va el cordero como el carnero y que nadie puede prometerse en este mundo más horas de vida que las que Dios quiera darle; porque la muerte es sorda y, cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va de priesa y no la harán detener ni ruegos, ni fuerzas, ni ceptros, ni mitras, según es pública voz y fama..."
(Sancho a Don Quijote)
La muerte de Tiziano, tal como la describe su hijo, me recuerda la de un “iluminado”. Siento ahora la iluminación como la aceptación de la vida como es, transitoria, relativa, efímera, ligada a la muerte, la cual recoge los restos para entregarlos de nuevo a la Naturaleza: Deus sive Natura (Spinoza)
lunes, 14 de mayo de 2012
Muerte y vida (IIIa parte)
| el cielo protector |
Pero también el dejar de hacer, el wuwei chino, la meditación, la oración silenciosa son caminos de experiencia hacia la comprehensión, hacia la aceptación de la Realidad real.
viernes, 11 de mayo de 2012
el planeta Vida

Para descansar de la inseparable muerte y como regalo a nuestros sentidos, os recomiendo esta página, que me remite J,influida por las ideas "new age", pero cuya belleza de imágenes y de música es un regalo para nuestros sentidos.
la vida en sus manifestaciones variadas,el impulso que permanentemente transforma las cosas...
http://www.youtube.com/watch?v=rV383sCdn9Q&feature=share
miércoles, 9 de mayo de 2012
Muerte y vida (IIa parte)
La muerte todo lo sacude. Como el caballero de la foto arrebata la realidad y la transforma... El Shiva o la Kali de las dos caras: con una crea y con lka otra destruye...

2.-La muerte como vivencia, como hecho socio-religioso y como idea portadora de angustia.
Estas consideraciones pretenden hacer evidente que la consciencia de vida y de muerte es un elemento esencial en la existencia del humano actual. Ciertamente, la muerte es un hecho per se, que habitualmente ha afrontarse en los otros antes de topárselo ante sí mismo, ya sea de forma irreversible, ya sea como anuncio de lo que ha de llegar. La muerte es, por tanto, un hecho “absoluto”, innegable y consustancial a la vida.
La muerte es además un hecho social. Como puede verse en la historia de la especie, y puede notarse en la actividad diaria (funerales, enterramientos etc.), con lleva unos ritos que la hacen asimilable, aceptable, y que son similares en cada pauta cultural.
En tercer lugar, la muerte es una idea. Un acontecimiento imaginado futuro y necesario, que abarca una serie de pensamientos, ligados a emociones. Y como tal idea/hecho futuro es el que más ha interesado a la filosofía y a la psicología. La muerte como suceso necesario y como hecho social han sido y son tratados en términos de grupo. La muerte como idea acontece en la conciencia intelectual y afectiva y es un fenómeno ligado a la situación de angustia, así llamada “existencial”, puesto que es inherente a la existencia. Como decía al inicio, es esta idea la que es producto principal de la evolución y en especial en función de la necesidad de afrontar las dificultades que genera en la mente la percepción de sí mismo como individuo, diferente a los demás, al tiempo que se pretende solucionar un hecho futuro, la muerte, al que se adscriben cualidades negativas (dejar de ser, o de estar).
jueves, 3 de mayo de 2012
Muerte y vida (1a parte)

Muerte y Vida, una dualidad gestáltica
"Nada permanece sobre la tierra, todo es transitorio, la vida solamente tiene un tiempo. Tan solo la muerte es eterna"
UrNapisti (el eterno)
(Poema de Gilgamesh)
1.Rebelión contra la muerte: la sombra; el doble (fantasma); el alma.
La historia del Universo, en el tiempo y en el espacio, es de reciente conocimiento. Todavía a principios del siglo XX , en Europa, se debatía la edad del mismo, y por lo tanto de la Tierra, considerándola, en términos bíblicos, en miles de años. Así mismo, desde Darwin, el origen y evolución de las especies y la aparición del humano es un acontecimiento muy moderno en la mayor parte de los sistemas educativos contemporáneos. Incluso, desde ópticas regresivas, se pretende ponerlo en cuestión y regresar al "creacionismo" que se estima más digno y religioso que el evolucionismo.
Sin embargo, la ciencia avanza, muchas veces a salvo del pensamiento religioso, esotérico, precientífico o irracional, para afirmar, con cada vez mayor autoridad, que todo está en permanente evolución y nuestra especie no es una excepción: del tronco de los primates deriva el humanoide, hasta llegar al homo faber, el "hombre que hace" y luego al sapiens, "el que conoce".
Esta actitud activa humana, siempre inquieta y cuestionadora, ha determinado, a su vez, la evolución orgánica de nuestro cuerpo y en especial del cerebro, dando origen a una especie animal hasta cierto punto diferente de su origen, cuya mente le pone ante nuevos retos y nuevas consciencias. Una de estas, la que hoy me interesa, es la diferenciación del entorno, la capacidad para individualizarse, para separarse con conocimiento del resto de lo creado.
De un humano confluido con y en el universo, se pasa a un humano que, separándose, presta atención al universo y, más allá todavía, que se observa a sí mismo, en su dimensión física y psicológica. Es el humano contemporáneo, que trata de entenderse a sí mismo y al entorno del que forma parte.
E. Morín (1) afirma que es esta capacidad de des-confluirse del ambiente lo que permite al hombre dar un salto en su evolución y en la conquista de su entorno, al tiempo que le pone ante un conflicto cuasi irresoluble: la consciencia de su interinidad en el tiempo/espacio. Es decir, la inexorable mirada hacia lo efímero de su existencia, claramente perceptible, como diría el Buda, ante la obviedad de la enfermedad, la vejez y la muerte. El carácter corruptible de la materia de la que está hecho, la permanente evolución que le dirige hacia la decadencia y el final de la existencia, pone al humano ante el horror de ver su individualidad destinada al término, a la extinción. Pues, mientras formaba parte del todo, mientras era animal en estado puro, esa individualidad estaba dormida, o no aparecida, y por tanto no existía ese horror, ese espanto a morir como acontecimiento inexorable que, desde entonces, le acompaña como individuo y como especie y que el intelecto recuerda.
Siguiendo la argumentación moriniana, ante la inevitabilidad de la muerte y el hecho cierto de ver a los demás morir o muertos, el hombre sapiens va a sacar adelante una idea, asociada a su deseo de no perder la vida: la noción de que hay un doble que no perece. Ese doble, durante un tiempo, será compañero de la tribu o de la aldea y dispondrá de una serie de privilegios, en función de su capacidad para hacer daño o beneficio a los vivos que permanecen. Los enterramientos Neanderthal y luego los del "homo sapiens", quieren dejar de manifiesto que la muerte no termina con el "espíritu". Por ello, se les entierra en posición fetal, mirando al Este, al renacer del sol, a veces cubiertos de pintura roja… Es la rebelión tranquilizadora contra la muerte, creando una capa protectora contra ella. Más tarde, los brujos como casta y los sacerdotes como clase se encargarán de mantener viva esta idea esperanzadora, salvadora para la angustia humana, a la par que beneficiosa para sus intereses como clase con poder de intermediar entre vivos y muertos o entre hombres y dioses. El binomio horror-a-la-muerte/casta-sacerdotal ha tenido y tiene un enorme impacto e influencia social y política.
Si ese doble está o no relacionado con la percepción de la sombra o reflejo-espejo (en el agua), con el deseo de no perder la individualidad (afín con la supervivencia), con el espanto producido por el deterioro y corrupción del cuerpo y el lamento por la pérdida de los seres cercanos y queridos, todo ello es un largo capítulo que pertenece todavía al dominio de la investigación, entre otras, de la antropología y de las neurociencias.
Es probable que ese doble, ese espíritu del mundo de las sombras, en algún momento haya sido transformado en alma. Así lo considera Morín, al igual que otros pensadores. Un alma que ya no va a ser terrorífica, sino que queda confinada a un mundo diferente (cielo, infierno) o bien obligada a renacer, ya sea en otro cuerpo humano, o incluso animal o vegetal. Aquí, el deseo de justicia o de equidad crea un mundo paralelo en el que el premio y castigo, ya que no alcanzable en este mundo, es logrado en otro y/o queda a cargo de un Ser Superior, que puede ser bueno o malo, dios o diablo.
El binomio salvación o renacimiento aparece así como una de las formas para combatir el temor a la idea de la muerte total, absoluta: a la desaparición. Frente a ello, el materialismo propugnará la aceptación de lo efímero, como ley que alcanza al humano, y el monismo, frente al dualismo cuerpo/espíritu.
miércoles, 18 de abril de 2012
Memo III, caminos de trascendencia

Memo (III). Caminos de trascendencia
Desde su forzado retiro en la prisión de Almoloya, Memo comparte con sus interlocutores su experiencia. En su despachito, tras una sencilla mesa, preside una foto de Freud y, a un lado, la imagen de un venerado maestro hindú: Muktananda, cuyos ojos parecen despedir fuego.
Tras referirse al camino de las sustancias que alteran el estado de la conciencia, menciona una segunda experiencia para dejar de lado lo que no es principal, un dinamizador fortuito de la conciencia: la muerte de seres queridos o muy cercanos. Él tuvo que pasar por enterrar, entre otros, a una de sus parejas, y vivió la mayor parte de su adolescencia sin padres, que murieron siendo niño, ni protectores familiares. Creo que el fallecimiento de la persona con la que había convivido un tempo le hizo percibir algo, de lo que finalmente terminó dándose cuenta en aquellos días de encierro obligado.
Y es que la muerte a todos equipara y pone de manifiesto la brevedad de la existencia y que la vida cuelga de un hilo bien fino, como la llama de una vela sometida a vientos imprevisibles, que lo mismo permanece encendida cien años, que se apaga en un soplo de enfermedad o mala suerte.
De la muerte nada se puede decir más que lo que cada uno experimenta. En relación a ella y a mi experiencia escribí hace poco, por lo que me voy a referir a lo que describí en la Revista de la AETG 2011 en un artículo posterior.
La muerte de los cercanos puede sacudirnos y hacernos comprender lo esencial, siempre y cuando sepamos aprovechar esa vivencia, a veces acercándonos a la vida esencial o en otras sumiéndonos en estados de desesperanza.
La tercera vía que Guillermo menciona en la entrevista es la cercanía a la muerte propia, el haber sido rozado o sacudido por la posibilidad o certeza de morirse y darse cuenta de cuan fútiles son nuestras expectativas, deseos y penas y cuan tremenda es la procrastinación, esa enfermedad que nos hace dejar para más tarde la búsqueda y realización de nuestras metas e ideales, de aquellas cosas que nos hacen felices, de la dicha breve en el planeta, del amor a y de los demás…
La enfermedad que padecía Memo en aquellos años producía la muerte casi segura en relativamente poco tiempo para la mayor parte de los contagiados por el VIH. Hubo que pasar por la enfermedad y desaparición de numerosos seres queridos y él fue testigo de ello antes de morir Aunque no sufrió enfermedades oportunistas graves, padeció un doloroso herpes que le azotó la espalda y una pérdida de peso provocada por la enfermedad. Lo que, unido a las condiciones nada fáciles de la prisión, posiblemente aceleró el deterioro físico y la sensación de que la vida se le iba rápidamente. Ese contacto con la muerte próxima cambió notablemente la forma de Guillermo de ver su vida y el contacto con los demás. Pienso que le hizo más frágil, más vulnerable, más centrado en los demás, más sensible a aspectos cercanos a la vida, como la autoconservación.
En lo relativo a la cercanía con la muerte propia, compartiré también mi experiencia en el artículo mencionado. ¿cómo no coincidir en que la cercanía del fin nos pone delante de lo que es principal y de lo que es accesorio? ¿no es eso la realidad justamente?
Y casi siempre es un detonante de entender lo amoroso, el contacto verdadero, la solidaridad…casi siempre…
La cuarta vía de la que nos comparte Guillermo es la pérdida de las cosas materiales, entendida como la quiebra de nuestras finanzas, pequeñas o grandes, el quedarnos sin nada, la pobreza sobrevenida, de la que tan maravillosamente nos habla el Libro de Job en la Biblia y que comenta Carl Jung en su “Respuesta a Job”.
El “Tener o Ser” de E. Fromm, la vida entendida como un proceso de constante enriquecimiento material, como se nos enseña y propone en “Occidente” o la vida concebida como la riqueza del que da mucho a los otros, de aquél que vive sin obsesión por el tener…(hay un pueblo en Polinesia para el que el más rico es el que más da, a quien más le deben y no el que más tiene o atesora).
Pienso que Guillermo se refiere a esto en la medida que buena parte de sus posesiones se perdieron en aquellos años o dejaron de ser significativas. Y que esto le hizo entender también por este camino lo que era y lo que no era importante en su vida.
En un viaje de hace años a la India, viendo la India de los que no tienen nada o casi nada material, sentí una tremenda sacudida existencial. Creo que no he sido capaz de regresar desde entonces a ese fascinante país, tan fuerte fue la conmoción. La gente durmiendo en las calles, los cuerpos sin vida en Benarés o en Katmandú, los restos humanos quemados en los fuegos… todo esto es una convulsión para los que vivimos en la aparente seguridad de nuestras posesiones, ahora tan seriamente amenazadas por la tan propagada crisis…
Pero ¡Qué diferente ha de ser el tener y dejar de tener! Esas historias de vida tan cercanas para algunos y tan lejanas para otros…Vale la pena reflexionar sobre ello….
Finalmente, la quinta senda es la pérdida obligatoria de la libertad, con la que nacimos en un principio, antes de que el orden social nos la limitara o nos privara de ella de manera abierta o solapada: haciéndonos esclavos del trabajo por ejemplo. O del consumismo. O del sexo… o de tantas cosas de las que tan difícil es librarse en un medio social que nos bombardea en todos los medios educativos o de difusión.... Pero más absolutamente, más manifiestamente, acordémonos de las épocas en que las personas eran vendidas como esclavos o sometidas a la tierra que cultivaban, los siervos de la gleba en Europa, o aquellas espeluznantes cacerías de esclavos africanos a los que ni la religión oficial protegía, que se dudaba sin tenían o no tenían alma para justificar el delito, vendidos luego como, o peor que, animales en América…Cuando estuve en Senegal, la visión de la isla de Goré, desde donde se enviaba a los esclavos en barco, es un monumento al horror de la supuesta civilización occidental. Vidas personales y aun de generaciones, arruinadas para siempre.
Pero veamos también la prisión cuando, justa o injustamente, las personas son encarceladas y se ven obligadas a convivir con otros humanos que han cometido crímenes de todo tipo, en condiciones a veces casi insoportables, y en el mejor de los casos, privados de su libertad…
El colocarse ante estas situaciones hace que nuestros problemas personales, tantas veces obsesivos o neuróticos, se recoloquen. Memo decía en la cárcel que tras convivir con asesinos y violadores lo menos que aceptaría tratar ya como terapeuta sería sicóticos… La neurosis le parecía aburrida e innecesaria. Y sin embargo…. y sin embargo… la prisión del alma encerrada en su laberinto neurótico es también una prisión de difícil salida.
Pienso que él pasó por esos cinco estados de pérdida y por eso hace mención de ello. Probó los estados de conciencia alterados usando las plantas, perdió a seres queridos, entre ellos personas a las que había estado ligado afectivamente, vivió la cercanía de la muerte al contraer el virus del sida, perdió las posesiones que amaba, entre ellas su rancho que ni siquiera llegó a estrenar y finalmente su libertad, víctima de la maledicencia y de su propia energía autodestructiva.
Por ello, cuando le vemos en la prisión haciendo su labor de terapeuta, de pedagogo, de maestro, con todo eso que ya no tenía, sus ojos brillan con una particular inocencia, tal vez engrandecida por la visita de su maestro, del cariño de sus colegas, amigos o ex--pacientes y su necesidad de hacerse fuerte ante la desdicha, de no provocar inútil compasión ni propia ni ajena.
Los presos, sus compañeros y discípulos, son presentados a la comitiva que le visita con sencillez e ironía, sin ningún tipo de pena ni falsa compasión o caridad, como un ser humano a otro que está recorriendo su camino. Aprovecha las enseñanzas que ha recibido en la vida y las va distribuyendo entre los más desfavorecidos. En las visitas que le hice, la esperanza de salir era una palabra que ni se mencionaba. Al menos conmigo era puro aquí y ahora.
Creo que si existiera el karma además de como concepto, la forma en que Memo terminó su vida sería la mejor para “quemar” lo que le quedaba y poder pasar a otra etapa, lo que afortunadamente sucedió ya fuera de la prisión, en los pocos meses que transcurrieron ya en libertad, antes de su fallecimiento .
No todos pasamos o necesitamos pasar por esas etapas o experiencias y menos obligadas, por esas formas de encontrar trascendencia. Indudablemente, cada uno tiene su camino y además, la suerte es diferente para cada quien. Sin embargo, estoy convencido que es saludable reflexionar en estas situaciones siempre posibles en la vida, siempre cercanas por mucha que sea la seguridad con la que nos envolvamos o protejamos: ahí está el camino “voluntario” de Gautama el Buda frente a la protección que sus padres le quieren dar frente a la desgracia.
A mi manera, creo haber pasado, por las cinco etapas que menciona Memo, y también por otras diferentes, aunque sin duda con una intensidad correlativa a mi forma de ser, a mi personalidad. Ciertamente, creo que la cárcel física es una prueba tremenda de la que me he librado. El visitar a los presos me parece desde entonces una actividad admirable y poder ayudarles más todavía.
Lo importante –pienso- que es darse cuenta de que la vida es la de ahora, la que nos toca vivir y que todas esas situaciones son sacudidas que llegan (y no siempre llegan todas y no a todas las personas de la misma forma) para recordar que hagamos ahora lo que podemos hacer. Que nos dejemos de deberías, de hubieras podido, de que hubiera pasado si… o de lo que pasará. Nada de eso sirve. Algunos se arrepienten de lo que no hicieron y otros de lo que hicieron y ¿para qué sirve? Si acaso pa enderezar el camino del presente.
Nadie es mejor o peor que el otro. Nadie es igual que el otro.
Pero sí que verdaderamente es probable que algunos, que ya hemos transitado por algunas sacudidas o crisis vitales, podamos ayudar mejor a los que no han caminado por ellas o están en proceso de pasarlas.
Tal vez es esa la relación terapeuta/orientado. No se trata de decir por donde hay que ir, ni qué experiencia hay que pasar, ni menos si una es mejor que otra. La escucha de lo genuino, el reconocimiento de lo esencial es personal.
Ese acompañamiento, del que fui recipiendario y ahora dador, es el que ha proporcionado y hoy sigue suministrando sentido a mi vida.
Porque, recordando a Machado:
“Caminante no hay camino.
Se hace camino al andar”
