lunes, 15 de febrero de 2016

Transferencia y contratransferencia en Gestalt (2)





Transferencia y proyección.



  La proyección es un mecanismo “de defensa” (palabra psicoanalítica que evidencia la dureza de la realidad “atacante”) por el cual se pone en el otro un pensamiento o emoción personal, al resultar imposible asumirlo como propio. En general, con la proyección situaríamos en otras personas aspectos pertenecientes a uno mismo y no reconocidos,  y que suelen ser juzgados como moralmente reprochables o negativos, aunque también pudieran ser “positivos”.

   Como todos los mecanismos de interrupción del contacto, o formas de eludir el contacto verdadero, al hacerlo consciente, y poder asumir lo que es propio y lo que es ajeno, puede convertirse en un aliado y por tanto en una herramienta de terapia. Nos sirve, usado con consciencia, para delimitar la “frontera de contacto” con el otro y para mantenernos en nuestra propia manera de percibir la realidad, sin confundirla con la ajena. Viene a ser como un banco de pruebas acerca de qué es mío y qué del otro.

   Al ser lo transferencial una situación inconsciente, y enraizado en una escenario “irreal”, tanto la proyección como la “transferencia” pueden darse sin una base de realidad objetiva.

   Las personas con tendencia proyectiva pueden verse inmersas en ideas persecutorias o paranoides, como si creyeran  disponer de un radar que trata constantemente de captar y de controlar todo y de darle un sentido acorde con su forma de percibir la realidad. Por tanto, es muy dudoso que las personas paranoides dispongan de una “sobre-intuición” (como a veces pretenden), ya que pueden estar cargadas de tintes personales y de ideas falsas basadas en percepciones pasadas o fantasías futuras.

   Siendo vocablos inmersos dentro de la literatura y la teoría psicoanalítica, debemos intentar ver qué significado tienen en Terapia Gestalt, que ha tomado muchas ideas y vocablos de ella.

   Casi ninguno de los “teóricos” de la Gestalt pone mucho interés en lo términos de transferencia o contratransferencia. He revisado una buena cantidad de autores y apenas unas citas acerca del asunto transferencial merecen su atención. Es verdad también que, al día de hoy, los terapeutas gestálticos aceptan (no sin reticencias) las experiencias de transferencia de los clientes, incluso a nivel teórico. Sin embargo, no le atribuyen el mismo significado que la teoría freudiana y sobre todo no le dan el mismo tratamiento.

   La labor del terapeuta gestaltista no pasa por “animar”,  ni menos por provocar, la transferencia. Al ser una terapia basada en el contacto “real” y de relación presente con uno mismo, la misma situación de acercamiento terapéutico tendría la tendencia de ir disolviendo la transferencia cuando se produce. Además el TG pretende trabajar más desde la perspectiva emocional o corporal que intelectual, dado que es más posible alcanzar las vivencias pre-racionales de esta manera. El TG no se detiene a  explicar lo que está sucediendo, sino que procura entrar en contacto con la vivencia auténtica del otro, usándose a sí mismo en la experiencia para poder “disolver” lo transferido a medida que se va produciendo.

  
 En TG (y en esto radica una diferencia más con el tratamiento psicoanalítico), no se trata de explicar la situación pasada y su parecido con el presente, sino de “concluir” emocionalmente lo vigente de aquellas vivencias. Ello tiende a evitar que una figura de autoridad sea revivida como si se tratara de la situación originaria en el “allá y entonces”. Ambos, cliente y terapeuta, trabajan desde el presente trayendo “aquí y ahora” la situación pasada inconclusa. Con ello, el terapeuta se compromete a asumir la “transferencia” de las figuras pasadas en el presente.



   Actualmente, la figura teórica de la transferencia se acepta por la mayor parte de los gestaltistas contemporáneos (algunos, usando el dicho gallego dicen que “no creen en las meigas pero haberlas haylas”). Sin embargo, tiene, como hemos visto, matices diferentes, así como es disímil la forma de entenderla y trabajarla.


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