viernes, 27 de mayo de 2011

Silencio y escucha con Krishnamurti


Hace algunos años escribí este artículo, que acabo de retocar. Al hacerlo me doy cuenta de que hay algo ajeno a mi en quien lo escribió, aún cuando sigo refrendando todas sus afirmaciones, que me parecen de una actualidad personal total, como persona y como orientador.
Krisnamurti es un hombre de fe santa, inamovible y la poderosa afirmación de sus frases lo corrobora, si lo habeis leido.
Como Buddha, nos anima a no creer sin dudar y sin practicar.
Sé que para un blog personal puede resultar denso, pero en en esta etapa de mi vida es más mi deseo de compartir que cualquier otro impedimento.
Si me leeis, a lo mejor quereis comentar. Sois bienvenidos.
Aquí va pues:

"Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica, ¿no es así?, que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; porque su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas. ¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad."
El libro de la vida de Khrishnamurti.



EL SILENCIO Y LA ESCUCHA DE KRISNAMURTI*


Destinado, desde muy joven, por la Sociedad Teosófica Internacional a dirigir una organización dedicada a preparar a la humanidad para la llegada de un Maestro Mundial, Krishnamurti renunció a esa posición y poder, que le venían dados, para trabajar por su convicción de que todo individuo debe descubrir por sí mismo el secreto o verdad de la existencia, liberándose de cualquier condicionamiento.

Este es uno de los pilares de la enseñanza de Jiddu Nariahna : cada persona ha de encontrar su propio camino, su manera de enfocar y de entender la vida. De esa forma, contribuye al auténtico cambio social, a la verdadera transformación de la humanidad. Para conseguirlo, es inútil tratar de buscar la respuesta a la pregunta esencial (que podría resumirse en el “conócete a ti mismo”) en las pautas de nadie. Por tanto, -nos dice- no existen dogmas, doctrinas, religiones, maestros o ideologías verdaderas ni falsas a las que seguir, puesto que todas son una “idiotez suprema”. Es preciso asumir la completa facultad y libertad del hombre para conocer su origen y destino.

Podría trazarse una similitud entre esta afirmación y la de la psicología y el proceso terapéutico humanista, que parten, así mismo, de la capacidad innata de cada ser humano para encontrar la propia salud y el sentido de la vida. Se trata de establecer, o de re-establecer, la sabiduría del organismo para lograr los fines que le son inherentes, permitiendo que se den las condiciones adecuadas. Ahora bien ¿Como hacerlo? ¿Como caminar hacia ello? ¿Como liberar las propias capacidades de su bloqueo o encierro? En lugar de admitir que para el “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, nos hemos habituado a responder oteando o per-siguiendo los modos o sistemas de vida otros, nos hemos desviado de nuestro sendero. El condicionamiento social es el principal motivo de esta carencia de autonomía y no resulta fácil aceptar que somos capaces de asumirla. Nuestros sentidos se han entorpecido, cuando no están embotados. Precisamos despejar nuestra mente de pre-juicios a los que la memoria comparativa nos tiene atados.

La paradoja que conlleva esta afirmación tan querida de K. (o negación de la autoridad en tanto que modelo espiritual) incluye su propia docencia, puesto que seguir su consejo equivale a dejar de lado nuevamente la posibilidad de darse a la experiencia de investigar lo que es propio de cada uno. La verdad carece de caminos y en eso reside su belleza. Y en tanto la contemplemos a través de la imagen distorsionada o de las proyecciones de nuestros condicionados pensamientos, o de los de otros, no resulta posible llegar a ella. Necesitamos percibir la realidad, no como la sombra reflejada de la caverna platónica, sino directamente y sin intermediarios. Esa sombra serían las ideas pre-concebidas. La imagen real, en cambio, es la que se produce cuando nuestra atención a la realidad es total. La percepción es entonces completa.

En consecuencia, de la escucha interna, o, en particular, de la lectura de sus libros o charlas, si es atenta, sin demoras, permitiendo la experiencia “pensamiento-sensación”, puede producirse una chispa de luz. Para ello, es preciso que sea la vivencia personal la que acabe guiando a cada individuo. Habrá una tendencia a dejarse llevar por el guía externo, a aceptar lo dicho sin cuestionarlo. Los sentidos han de estar pues muy abiertos.

Es inexcusable llegar a crear un vacío, un silencio interno y externo, que sane la conciencia y permita contemplar la Verdad, la Realidad. Existen pautas verificables para alcanzarla: este silencio no es producto de un esfuerzo, voluntad o intención. Se admite -es cierto- que se pueden facilitar las circunstancias para que se produzca ese silencio, algo así como mantener el orden en la casa y dejar la ventana abierta para que entre el viento, sin que ello garantice nada. Ahora bien, tratar de, buscar, intentar, imitar, bloquea, más que facilita, la consecución de nuestra única meta. La escucha sin intención se aproxima mucho a esta facilitación. No ponemos más que la intensa atención que implica una relación intrapersonal o interpersonal, una apertura total a la experiencia propia y/o de la otra persona. No tratamos de nada, menos aún de aconsejar o de llevar al otro a nuestro terreno de experiencia. Sólo podemos prestar el darse-cuenta total cuando existe interés. Por ello, en el provecho e investigación de cada pregunta cabe que surja la propia respuesta, la propia verdad. Observemos entonces nuestras preguntas antes de buscar la contestación de otro.

La siguiente cuestión está en definir o delimitar lo que es la verdad. Sobre este punto el maestro nos propone reflexionar sobre la relación con uno mismo, con el prójimo y con el mundo, como si se tratara de lo único que existe. Encontramos aquí el eco del pensamiento existencial. La verdadera existencia , el ser real, está en la relación entre el observador y lo observado. Probemos a no poner a nadie por encima ni por debajo. Mediante la experimentación y la deducción vamos a llegar a darnos cuenta de que el observador es una ficción, un sueño calderoniano. La vivencia de la desaparición de la distinción entre observador y observado, la atención puesta en la relación pura, el presente, es la llave de la Puerta Sublime a la Verdad. Da paso a la percepción de la relación como experiencia. K se integra así en el más puro espíritu hinduista y budista.

Pero necesitamos salir del mero análisis intelectual y lograr que se introduzca, que se mezcle, el contenido emocional. Si nos quedamos en el condicionamiento como un simple concepto del intelecto perpetuamos la pelea entre pensamiento y acción. Sucede entonces que la energía no fluye y se consume inútilmente. Nos agotamos. Es la posibilidad de asumir el contenido emocional lo que nos aporta la vitalidad. En estas afirmaciones nos reunimos de nuevo ante la visión gestáltica e integradora de la sanación (terapia) del conflicto (error, división), tomando a la persona como un todo. Mente, cuerpo y emoción han de ir juntos.

Lo que nos mueve hacia la verdad es la relación, interna o externa. Relación con uno mismo y con el exterior. Pero nos engañamos al pretender buscar una forma de entenderla con una clave y un monitor ajeno que nos lo muestre. De esta forma, sólo logramos hacer perdurar el conflicto existente en nuestra mente. Mientras mantenemos la perspectiva de una autoridad externa como faro se engendra desorden. “Yo te puedo mostrar caminos pero la experiencia has de hacerla tuya”. La aceptación integral de que el cambio proviene desde uno mismo, desechando el temor y la inseguridad, produce una cantidad y una calidad de energía que lleva a la revolución radical desde dentro. De lograrlo, ya no existe correcto ni erróneo, puesto que el yo se ha liberado de los condicionamientos: es libre al fin ¡Cuidado! Cuanto más nos apegamos a esta aparente solución que nos señala, más nos alejamos de la propia. Con Krishnamurti tropezamos permanentemente con la paradoja de seguir a su sombra como un engaño. Lo único que nos desliga de ese espejismo es la libre experiencia. Es necesario probar.

Cuando menciona la palabra libertad, nos lleva a tratar de asumir y de cuestionar nuestro condicionamiento. Este consiste en que nuestra mente está fragmentada en pre-conceptos: bueno-malo, consciente-inconsciente, vida-muerte... Son pre-juicios. Reacio, y aún crítico, a tratar de entender las capas que conllevan cada pensamiento, sentimiento o motivo mediante el análisis, K. pretende que lleguemos a ver, a examinar nuestra realidad de una manera total, inmediata y sin tiempo mediante la atención. Esta inmediatez recuerda a la iluminación. No admite dilaciones. Exige entusiasmo, sin el que nada puede ocurrir. Atención no es concentración, sino que es interés presente: es “como vivir con una serpiente en la habitación”, estar sensible al más leve sonido que pueda producirse. Es aquí y ahora: si dejamos la solución para más adelante, quedamos atrapados en el círculo pasado-futuro del tiempo y postergamos la consecución. Exige una meditación reflexiva.

La atención nos lleva a encontrar el verdadero significado de la meditación. Difícil cuestión. Individualísima experiencia que revela la totalidad de uno mismo en un instante. Cómo hacerlo queda de nuevo a nuestro albedrío. Se trata de parar la mente a todo lo que no sea el instante mismo (hic et nunc: aquí y ahora). Mas sin tratar de hacer nada, observándolo con una conciencia sin preferencias. Evitamos comparaciones en tiempo, en espacio o interpersonales. En ese instante, se produce el cambio, o al menos se puede producir, pues no hay que buscarlo tampoco. Pretenderlo nos aleja del momento presente, nos opaca la observación.

Esa búsqueda, esa pre-tensión, es un producto del pensamiento, atareado y ansioso por encontrar un lugar y un tiempo de seguridad que le aleje de los miedos. Empero, la seguridad no existe, pues nuestra existencia está sometida a las coordenadas del tiempo y del espacio, mutables por excelencia. Como hijos que somos de esas coordenadas, fluimos sin cesar. Además, no se trata aquí de cuestionar el tiempo cronológico sino el psicológico, que es donde se halla el engaño.

El tiempo psicológico, ese intervalo entre la idea y la acción, es una invención, un intento vano de encontrar seguridad ante el fenómeno del cambio que nos angustia y que lleva consigo, nos acarrea, la aflicción, la inseguridad, el término, la muerte... Es un producto de la mente, dentro de la cual, por su propia naturaleza, nada permanente subsiste. Por eso, la idea que trata de revelarse, de alzarse contra ese fenómeno de la impermanencia, es como una pescadilla que se muerde la cola. El pensamiento será siempre algo pasado, el pensamiento siempre es viejo y, si queremos comprender hechos nuevos, no podemos hacerlo por medio de ese utensilio transido, pues no puede resolver, de forma práctica, ningún problema psicológico. Caemos en cuenta, tenemos un insight, sucede algo nuevo, cuando todo nuestro organismo se corresponde: emoción y cuerpo nos proponen una acción espontánea, nuestra, propia e inmediata: es un in-vento. Un viento desde dentro, jugando con la palabra.

Para comprender esta compleja madeja, K. nos pro-pone que intentemos observar el inicio del pensamiento. No es que estemos esperando una re-spuesta suya. Hemos de poner las bases para que el silencio se instale, apartando el ruido mental, para buscar ese inicio y dejar de controlar la solución posible. Es inútil discernir entre buenos y malos pensamientos: fomentamos la batalla interna. Inútil también tratar de traducir e interpretar lo que sucede: regresamos al condicionamiento pasado. Con el fin de hacer de la aventura algo presente, lozano y joven, sin memoria ni asociación, es preciso abandonar el intento de repetir la experiencia pasada o de definir la actual o de predecir la por venir: una rosa es una rosa, es una rosa, es una rosa... Quedarse en el momento mismo. En este aquí y ahora abandonamos la imagen o proyección que tenemos de lo que percibimos, pues ese recuerdo crea un espacio entre nosotros y lo que tratamos de aprehender. Miramos sin temor, escuchamos sin asociar nada pasado ni futuro. Estamos en relación.

Pero el temor se adueña del pensamiento. Pretende llevarnos a una falsa idea de seguridad mediante la compulsión de repetir la experiencia pasada de placer, a través del deseo o la evitación del dolor. El acto de pensar se interpone ante la posibilidad de una acción fresca y nueva, ya que conlleva el riesgo de lo desconocido que, a su vez, engendra miedo. No es tanto el deseo, la atracción hacia algo por medio de los sentidos, que es algo innato al ser humano, sino el esfuerzo por repetir y perpetuar el placer, la experiencia pasada o vicaria, lo que produce el sufrimiento. Tal vez nos ayude recordar la melancólica copla de Jorge Manrique:

“Cuan presto se va el placer
Como después de pasado da dolor
Como a nuestro parescer
Cualquiera tiempo pasado fue mejor”

Y mientras quedamos atados a regresar o a desear tiempos mejores, pasados o futuros, la vida no fluye, atascada por el pensar y por la búsqueda compulsiva del placer. Creo que es importante distinguir entre sufrimiento, como aferramiento a una vivencia pasada, y dolor. Dolor es una experiencia inequívoca y que acompaña inevitablemente al humano. El dolor, sin embargo, no es equiparable al sufrimiento pues es presente.

Ante esa situación de rechazo al dolor, el sujeto-observador pretende liberarse del temor. Escinde su sensación global de rechazo y miedo al dolor en miedos diversos a lo que considera que son vivencias diferentes, todas ellas relacionadas con experiencias pasadas o futuras (no hablamos aquí del temor instintivo, que compartimos con los animales, sino del psicológico). Pero el miedo es uno e indivisible, con independencia de los tipos de experiencias a las que tememos. Es difícil observar que somos, nos convertimos en temor. Que no hay diferencia entre el individuo que contempla el temor y el temor mismo. Sin tratar de sacar conclusiones racionales o de interponer el opuesto, el valor, el coraje . Si logramos no hacer nada (algo así como “observar la película” sin meterse en ninguno de los personajes), mediante la observación estricta, algo individualísimo sucede y nos ayuda a cambiar.

Dejando de lado el temor a la pérdida, observando este inicio del pensamiento sin reprimirlo, aceptando la importancia del placer o del dolor sin juicios, puede aparecer la alegría (como la explosión tras las sucesivas capas, de la que habla Perls). No llega como un acto de voluntad (del latin volo, querer), sino espontáneamente.

Una vez alcanzada la alegría (joie de vivre), se acerca el verdadero amor. El amor es un presente activo, no es ni pasado ni futuro. No está relacionado ni con el deber, ni con la voluntad, ni con la posesión, ni con el placer, ni desde luego con el sufrimiento, idealizado este último por el cristianismo. Se trata de una pasión sin motivo, que se produce al abandonar totalmente - o al dejarse de lado- el yo. No está inmerso en el tiempo, carece de ayer y de mañana. Cuando no sabemos qué hacer, podemos probar no hacer absolutamente nada. Nos encontramos de nuevo ante el vacío, el silencio y la escucha inintencionada de nuestro ser profundo. Aquí puede estar el inicio del pensamiento.

Entresaco la proposición siguiente, que es paradigma de la auto observación sin crítica:

“¿Podemos vivir con lo que realmente somos, sabiendo que somos monótonos, envidiosos, temerosos, que creemos ser afectuosos cuando no lo somos, que nos sentimos heridos, halagados, aburridos con facilidad? ¿Podemos vivir con todo eso, sin aceptarlo, sin rechazarlo, sólo observándolo sin criticarlo, deprimirnos o regocijarnos?”

La reflexión y la actitud ante la vida que nos propone Krishnamurti no es sencilla. No podemos dejar la responsabilidad de nuestra existencia, ni de su sentido, a nada ni a nadie. Es preciso cuestionar todos los sistemas y los valores aprendidos para permitir que la nueva visión se instale. Ello requiere una gran lucidez y el abandono de cualquier pre-juicio. Las claves que aparecen en su enseñanza, cimentadas en su propia vida, son verdaderas meditaciones acerca del contenido de la conciencia personal y colectiva humana. Han de ser individualizadas mediante la experimentación. La lectura de sus charlas puede con-mover y aún mover a una vivencia distinta, si nos permitimos dejarnos llevar por la plenitud de la sensación. Constituyen -en mi opinión- un verdadero ejemplo de escucha gestáltica, atenta al presente y también de respeto ajeno. El pensamiento-sensación, que tal vez algún lector ya experimenta, permite que lo escrito penetre, que la vivencia impresione, que los sentidos se inunden y no se posponga la comprensión para más tarde. Sin llevarse trabajo a casa. Sin dejar nada para después.

Al tiempo, recordamos que él no pretendió dejar una escuela, ni quiso tener seguidores. Es una realidad que (en vida del maestro) había (y hay hoy) miles de discípulos de su orientación, pues todo gran hombre acostumbra a dejar una huella. Tratar de poner nuestro propio pie en su pisada es lo que él nos previene que no hagamos. Intentó ser una referencia, jamás un líder al que seguir ciegamente. Un maestro de como soltar amarras para entregarse a la vivencia de existir sin ataduras.

La obra de K. no responde a todas las incógnitas. El solo hecho de que exista nuestra presencia en el Universo, la existencia del Universo mismo, requiere una investigación personal, a la que su método puede contribuir, pero no suplantar. Es preciso dejar que las preguntas se produzcan para, siguiendo su estilo, poder escuchar las propias salidas. Ciertamente nos inspira, pero no debemos esperar un guía, como Virgilio lo fue para el Dante. Cada uno encuentra el sentido de su propia comedia divina.

En un mundo en que podemos observar un exceso de oferta de supuestas respuestas a las incógnitas y problemas existenciales, (con tendencia a colocarnos y a vendernos las más suaves e indoloras), la labor de Krishnamurti es un aporte muy apreciable para el buscador de la verdad.

*Recomiendo la lectura de “Limpia tu mente” , de Jiddu Krishnamurti. Ed. M. Roca. 1999


MIGUEL ALBIÑANA






































5 comentarios:

Atherida dijo...

"El pasado y el presente solamente son medio para nosotros: el futuro es siempre nuestro fin. Por eso nunca vivimos realmente, sino que esperamos vivir. Alucinados siempre por esta esperanza de ser felices algún día, es inevitable que no lo seamos nunca."

"Dicen que el hábito es una segunda naturaleza. Quién sabe, empero, si la naturaleza no es primero un hábito."

"El amor no tiene edad; siempre está naciendo."
Pascal

Cuánto celebro este deseo tuyo de compartir.

Voy a buscar "Limpia tu mente" en la red de redes.

Un abrazo.

Ariel dijo...

Gracias...es siempre alentador leerte.

miguel albiñana dijo...

gracias , vuestros comentarios me animan a seguir compartiendo
Un abrazo
MIGUEL

Raquel G. dijo...

Place to Be:

http://youtu.be/LKuEJBKRW4M

Un abrazo.

Norman dijo...

El silencio es el puente,que nos lleva a colmugar con nuestra parte espiritual,en el silencio encontre la corriente audible de la vida, sonido insonoro,que vibra en cada uno de nosotros,parte eterna en el cuerpo,que es templo del espiritu santo,el Verbo creador,para los cristianos.La musica de las esferas,para los griegos.El Tao para los chinos,El Shab o Nam ,Aum para los indues.Soplo de vida que llevamos dentro mientras estemos en esta Existencia manifestada.Sostener su Presencia,mantener la Conciencia constante de esta corriente audible de la vida es vivir en meditacion. Fuera de la mente en la conciencia del SER. Saludos con mucho aprecio y admiracion . Yao