De consolatione philosophiae
Boecio fue un romano post imperio. Nacido en 480, de familia noble, se puso al servicio del rey ostrogodo Teodorico, quien primero lo encumbró y luego lo encarceló y mandó asesinar tras torturarlo.
En la cárcel, Boecio escribió un tratado acerca de cómo la filosofía puede consolar al Hombre, en especial en la desdicha.
Un recién reencontrado y querido amigo afirma que la filosofía “es cosa de intelectuales”. He pensado en Boecio porque en su obra, y siendo profundamente cristiano, no menciona a la Biblia, en la medida en que estima que hay que poder “concordar la fe y la razón en lo posible”.
La filosofía en nuestra cultura es nacida en la Grecia clásica. Su nombre deriva del griego y viene a significar “amor al conocimiento”. El conocimiento es extenso y comprende, desde entonces, todos los dominios en que cabe aprender algo y transmitirlo, tanto con la palabra, como con lo escrito, como, al modo socrático, o como Buda o Jesús, por medio de las acción: “por sus obras los conoceréis”.
Por tanto, todo conocimiento es en principio abarcable por la filosofía, aún cuando durante muchos siglos, en Europa y de mano de la Iglesia, se la considerara “serva Teologiae” o destinada al conocimiento de lo divino y de las cosas de dios.
Sin embargo, la filosofía está sujeta a determinadas reglas: es una disciplina. Precisa de herramientas como la lógica, puesto que nada es afirmable porque sí, sino que parte de determinadas premisas y lleva a consecuencias que han de ser lógicas con esas premisas.
Otra cosa bien diferente son los artículos de fe, casi siempre asociados a religiones o las experiencias personales, que pueden constituir también una forma de entender el universo y a la persona dentro de él.
En sentido amplio, se usa la palabra filosofía para indicar una forma de vida, una forma de entender el mundo. Puede estar basada en enfoques teóricos o prácticos o ambos y tener como sostén una doctrina filosófica establecida (la estoica, la epicúrea, la materialista etc.) o pretender asentarse sobre experiencias humanas individuales o de grupo. Podríamos decir que existe una forma de entender la vida que es fenomenológica, adscrita a fenómenos observables si bien no demostrables y que puede servir igualmente de herramienta para concebir el mundo y entenderse a los demás.
Mi argumento en relación a mi amigo es principalmente que la filosofía no es solamente cosa de “intelectuales”, en el sentido que es posible experimentarla y no dudo que haya habido filósofos, en Occidente y en Oriente, que hayan descrito métodos filosóficos relacionados con la experiencia vivida.
Por ejemplo, hay quien puede creer en dios, o en la nada, en base a argumentos racionales y quien lo haga en base a argumentos experienciales. Ninguno es descartable.
Partidario como soy de la vía que une los tres grandes centros del ser, que son el cuerpo, la emoción y el intelecto, la filosofía es una disciplina apta para quien quiera seguir ese camino y no solamente para los que opten por la vía de la lógica, del intelecto o de la razón. Sin embargo, no basta con una descripción personal, que es en sí misma válida si bien no adaptable a los demás. Demasiadas veces se ha impuesto una "verdad" porque solamente esa era la auténtica o la posible y se ha quemado y perseguido al que no la adoptase. Ese no es el procedimento filosófico.
Y ahí está la cuestión. Y para mi la verdad de la filosofía.
