Eleusis: mitos y realidades presentes
Al llegar a Eleusis, unos restos
arqueológicos situados en la actual ciudad de Elefsina, mi ánimo se quedó
inane. La ciudad es una barriada lejana de Atenas, cercana al puerto del Pireo.
Casas y calles rodean lo que fuera el gran santuario de Demeter, en una colina
hoy llena de piedras sueltas y alguna columna.
Una de esas grandes columnas
caídas muestra con su tamaño la grandeza del lugar en el pasado.
Hace muchos años llegó a mis
manos un librito que hablaba en términos esotéricos y algo idealistas de “Los
grandes iniciados” (E. Schuré, Ed Lidium 1986). En uno de los capítulos, relata
el diálogo eleusino y la relaciones entre los Misterios con los ritos órficos y
pitagóricos, así como la versión de Platón.
Las escasas páginas dedicadas a
los rituales de Eleusis me impresionaron. Tanto que, para mi, iniciado por
entonces en ciertos misterios, resultó un apoyo fundamental para entender como
me sucedían las experiencias que por entonces atravesaba y que, de alguna
manera, estaban sujetas también a un tipo de silencio.
Fue por aquél entonces cuando
tomé la decisión de fundar un Centro a mi regreso a España. Un Centro que
llevaría el nombre de Eleusis en honor y en recuerdo de todos aquellos que
pudieron alcanzar la sagrada visión y que supieron mantener el secreto ritual
como iniciados.
Desde entonces, el mito de Perséfone
ha estado siempre presente. Si el mito ha sido creado por el hombre para tratar
de dar forma a algo inefable o inexplicable, entonces Demeter y Perséfone, en
su historia con Hades, manifiestan de una manera hermosa y clara como la vida
se presenta ante nosotros.
Mientras la vida habitada por la
diosa es inefable y eterna, la de su hija se ve sometida a los avatares del
tiempo. Muere en invierno, al igual que la espiga de trigo. Y resucita en
primavera y alimenta a los hijos de la Tierra.
Esos hijos que, representados por
Perséfone, nacen y mueren en su propias estaciones, mientras la vida se
mantiene.
Y gracias a ese rapto del Señor
de la obscuridad, del hermano de Zeus poderoso, de Hades, Demeter enseña a los
humanos, representados ahora por Triptólemo, como cultivar el grano y como
sobrevivir a los avatares del tiempo y de las estaciones. Ese Triptólemo a
quien el azar ha arrebatado la vida eterna. Pero que, desde su humanidad, nos
enseña el don de vida de la diosa.
Y cuando atravieso la historia de
otras personas que vienen a orientarse para tratar de entender su existencia, en la medida que
quieren solucionar sus problemas, me acuerdo de Eleusis. El secreto, la iniciación
a una vida diferente, la renuncia a esquemas o constructos caducos y la realidad
de que la muerte acompaña permanentemente a la vida y viceversa.
Porque el proceso terapéutico no
resuelve el dilema de la muerte y sí que ayuda a entender y a asumir la existencia.
Y las limitaciones a las que terapeuta y paciente están sometidos en nada quita
la validez de la búsqueda de una vida nueva.
Y en este sentido, todos hemos
pasado o pasamos por Eleusis. Cada uno tiene su peculiar visión de la diosa.
Cada uno sabe que pasa una
temporada en el Hades. Y que el río de la desmemoria nos obliga a empezar de
nuevo.