viernes, 18 de mayo de 2018

Vanidad (2)

Vanidad
Matayotes matayotetos, kai panta matayotes. Vanidad de vanidades, nada es sino vanidad.

   La palabra, la idea, sugiere aquello que no tiene nada dentro. La pura cáscara. De ahí “vano” o desprovisto de sustancia, de entidad.

Sin embargo, decimos de algo que es vano pues es un recipiente, algo que pudiera estar hecho para contener algo. Y sin embargo, no. No contiene nada sustancial o sustancioso.

Un fruto cuya cáscara nos anima a romper para apoderarnos de su alimento, de su sustancia y que, al hacerlo, al romperlo como nuez, lo vemos vacío ¡Oh! Parecía   que, pero no, no tenia nada dentro.

Así a veces también cuando pretendemos que algo de apariencia bella nos sirva para otra cosa que para contemplar su mero continente, su fachada. Observamos al pavo real cuando despliega su plumaje con gran pompa. Es un artificio de colores y de brillos. Pero si lo quisiéramos para hacer con ello un asado, nos encontramos con poco más que un magro pollo.

O cuando leemos una poesía  de bellas sonoridades, que nos encanta el oído. Y sin embargo su contenido es vano, no tiene corazón. Salvo que pretendamos que no sea otra cosa que un fastuoso juego que no conduce a nada otro.

También nos puede pasar con la música. Escuchamos una balada, una melodía de gratos e hipnóticos matices. Pero al finalizar, nos deja vacíos: es un  señuelo, una nada.

Y con las personas también. Nos dejamos seducir por su apariencia, tal vez por su propio juego de atraernos desde su belleza, o sus palabras o su magnetismo. Y sin embargo, cuando queremos hacer balance, es una imagen desértica. No  nos ha permitido ningún contacto, tal vez ni dar ni recibir. A menos que lo hayamos visto como un mero juego, como un espejismo, como un arco iris que aparece y desaparece y que nunca ha estado en ninguna parte más que en nuestra propia percepción.

En ocasiones cuando nos paramos a ver aquello que percibimos como nuestra identidad, nuestro “yo”; nos puede pasar tener esa sensación de vano. No porque haya intención de engañar o de engañarse, sino porque cuando tratamos de asir esa identidad, desaparece. Como cuando perseguimos una sombra que siempre fluye y se escurre al pretender agarrarla..

El budismo afirma que nada tiene una realidad permanente, puesto que todo fluye, incluido el espectador. Ambos son fluidas sombras que pretenden estar separadas, desde la falsa percepción de la dualidad. En ocasiones, se cita a la física cuántica que nos habla también de una realidad que no es como siempre la hemos entendido y en la que el espectador es parte de la percepción misma.

Vanidad entendida como algo que no tiene entidad permanente.

Vanidad entendida también como una apariencia que no contiene nada.

Y vanidad humana que pretende ser lo que aparenta, logrando engañar como un prestidigitador que sabe que lo que muestra es apariencia, pero no es.





miércoles, 7 de febrero de 2018

Héroes, mitos y rituales








Trascendencia personal: héroes, mitos y rituales







"La locura es el origen de las hazañas de los héroes"
Víctor Hugo

   
   En nuestra cultura, las etapas de la vida son formalizadas a través de rituales o ceremonias sociales. Así ha sido, de maneras diversas según tiempos y espacios culturales, desde miles de años. Cada sociedad ha hecho sus propias liturgias: el bautismo cristiano, el padre que se lleva al adolescente a conocer el sexo en su primer encuentro, los desposorios, la jubilación o la retirada, los funerales… todos ellos pretenden darnos una llave para superar o atravesar un tiempo e incluirnos en otro. Para no quedarnos anclados en la infancia oral o en la adolescencia sin compromiso. Para asumir la edad adulta; para sobreponerse a las pérdidas…Rituales, actos religiosos, catarsis, psicoterapias, todo ello, desde tiempos inmemoriales y bajo diferentes formas, son actos sociales en ayuda del individuo del grupo o de la misma tribu. Integración y sentido de vida son elementos esenciales a los que contribuye el mito.

   Los ejemplos de los héroes, más o menos mitificados o santificados, buscan también ayudar a la persona a encontrar sentido en lo que no lo tiene, o no parece tenerlo, particularmente en la constante del sufrimiento, la injusticia, el dolor y la muerte y los cambios en general .

 Los héroes y los ritos que les acompañan nos sirven para compartir las alegrías del triunfo, de la gloria, del éxito o del cambio de estado o de época: pensemos en los banquetes, fiestas de celebración, procesiones y otros rituales en cada parte del planeta y en diferentes siglos: fiestas de primavera, saturnales, navidades se suceden bajo diferentes civilizaciones y diferentes nombres.

Puede que el motivo  más importante de esta mitología acompañada de rituales sea, en definitiva, el tratar de  encontrar y de dar  sentido a una existencia temporal y efímera y sometida a todo tipo de vaivenes y dificultades además de unificar al individuo con su grupo.

   En ocasiones, puedo pensar que los héroes son los de las películas o las que marcan las historias pasadas o ajenas, sin darme cuenta que, de una manera más modesta y concreta, yo mismo soy el protagonista del hecho heroico en el camino de mi vida. Y la acción transcurre en la vida ordinaria, pero también en la existencia onírica.

   Esta manera de entender y de seguir la vida a través de lo ajeno puede contribuir a desviar el protagonismo de nuestra propia vida e impedirnos ver y a encontrar el sentido propio. O a buscarlo.

Para uno mismo no hay protagonista más importante que el ser capaz de alcanzar las metas que cada individuo puede desarrollar personalmente y dentro de su grupo social. Solo  en el sentido de cómo  individuo o también integrado en equipo o grupo.

Los obstáculos que se presentan en la vida pueden ser externos, como salir adelante y alcanzar el desarrollo completo de las potencialidades. Otros son  internos, es decir afrontar las propias limitaciones, pensamientos o emociones que obstaculizan o no nos permiten ir más allá de lo conocido.

    Salir adelante, o sacar a la familia o al grupo, de las dificultades es en ocasiones difícil y requiere una actitud heroica y ahí en la historia están los ejemplos. El camino interior es así mismo complejo. Bien lo conocen quienes se dedican a la ayuda tanto psicológica como espiritual. Sobre ello han meditado y mostrado la senda sin atajos las denominadas comúnmente como corrientes espirituales y también las religiosas, así como las grandes figuras de la humanidad. Cada uno ha pretendido hacer de su manera algo universal. Sin embargo, la diversidad de nuestra mente es inmensa y podríamos decir que muchos son los caminos, aunque todos llevan al mismo lugar.

Las metas externas e internas no tienen porqué estar en antítesis (“al César lo que es del César y a Dios lo que es de  Dios”). Con todo, unificarlas se ha dado rara vez  (como en la historia del rey David, en la mitología judeo-cristiana: un rey de súbditos y también un líder espiritual), pues, en general, hay una que manda más que la otra (“dejadlo todo y seguidme” o bien: “mi reino no es de este mundo”).

 
En contraposición a las metas externas, se ha interpuesto el “vanidad de vanidades” (“seguir la escondida senda” de Horacio). Todo logro es efímero, así como quien lo logra. Pero entonces ¿cuál es el sentido de vivir? Esa cuestión ha estado presente desde que el hombre alcanza la fase deductiva o racional.

Las soluciones todos sabemos que son diversas. Unas, atadas a creencias religiosas, políticas o de tradición. O bien las propuestas han tratado de llegar a través de la razón o la filosofía. Otras, pretenden enseñarnos la procelosa travesía del “conócete a ti mismo”.

   Regresamos al viaje heroico cotidiano: el mito del héroe/heroína que, dejando de lado lo externo,  avanza ante los obstáculos interiores, y que es al menos tan  antiguo como nuestra cultura.

En mi opinión, todos ellos nos adelantan que el camino pasa por al menos dos obstáculos: vencer la importancia personal (que viene llamándose ego) observando su vacuidad y también alcanzar la trascendencia personal a través del amor o compasión.

En la superación del primero, encontramos los héroes que han buscado el sentido último, el Ser, Dios, el Tao… Podríamos decir que es el viaje directo al espíritu, el Bhakti Yoga, el camino devocional, bien conocido también por el sufismo y por los místicos en general.


En el segundo, podemos incluir el de quienes nos han enseñado que el compromiso hacia los demás (pues todos estamos en el mismo barco de la vida) es la vía par alcanzar la meta. La vía de la compasión, del amor, del trabajo desinteresado, como forma de dejar de lado la auto-importancia y alcanzar la trascendencia.

A modo de conclusiones

En absoluto pretende esta reflexión ser un círculo cerrado. Sin duda, cada uno encontrará vías y nombres diferentes que aclaran y personalizan el propio mito. Creo que siempre es preciso recordar que la vía de los conceptos y de las simbolizaciones, siempre explicativa, ha de ser completada, si no es que reemplazada, por la de la experiencia personal: de poco sirve hacerse experto en héroes y mitos si no tenemos claro nuestro propio recorrido heroico.

Dejo al lector la posibilidad de encontrar adalides y heroínas en ambos caminos y  de buscar en su ejemplo las similitudes con la propia vida y con los obstáculos a superar. Finalmente, la comprensión de nuestros propios actos heroicos nos pueden hacer percibir mejor el sentido que le damos a nuestra existencia y más allá al significado último de la existencia, como dice Víctor Frankl.


   Puede que lo más importante sea verse a uno mismo en la pregunta  de cómo prevalecemos ante los impedimentos externos, pero primordialmente internos, y hacia donde nos conduce esa vía que, querámoslo o no, hemos elegido o se nos ha presentado.  Constatemos qué nos pasó: si es que se manifestó en algún momento de la vida la llamada a algo diferente. Y cómo, según dice la tradición heroica, en un principio tratamos de apartarlo o de posponerlo (“aparta de mi este cáliz”), pues suponía abandonar algo conocido por algo desconocido, asentado no tanto en la razón sino en el impuso (“el camino del corazón”).

Y, tras este punto de partida, comprobemos como ha sido para nosotros el afrontar las dificultades importantes de la existencia: la separación, los ritos de paso de cada etapa de la vida, la cercanía de la muerte tanto física como de alejamientos de aquello que más queríamos. Observemos también como ha sido el regreso del viaje, acaso más importante todavía que la misma aventura de ir, y si, al contemplar el camino recorrido, somos los mismos tras pasar por las pruebas que cada uno, personalmente, ha sobrellevado.

Recordemos a Cervantes:

Vámonos poco a poco
Pues ya en los nidos de antaño
No hay pájaros hogaño.
Yo fui loco
Y ya soy cuerdo.
Fui don Quijote de la Mancha,
Y soy agora Alonso Quijano el Bueno.

Pensemos después en héroes y heroínas y en personas conocidas y veamos lo que hemos tenido de común en el viaje de la vida, si es que ha habido algo, más allá de lo anecdótico. Podemos hacer una reflexión personal de cara al presente y al futuro.

Porque observar los mitos y rituales, héroes y heroínas y nuestros propios arquetipo en los sueños, nos recuerdan que no estamos solos ni somos tan diferentes de los demás. Nos evocan que otros pasaron por situaciones similares y, de manera simbólica, nos mostrarán que hay una similitud, un origen y un destino común, en la vida del humano.

   
 Una vez comprendido esto, tal vez podemos buscar y encontrar un héroe/heroína ejemplar que está presente en nuestras vidas. O, como diría Jung, nuestro propio arquetipo individual o guía interno.


Y no se trata de seguirlo al pié de la letra porque más allá de los ejemplos circunstanciales:


"Creo que un héroe es el que entiende la responsabilidad de su propia libertad"
Bob Dylan

   

Y ese margen de responsabilidad que conlleva el hecho de vivir es el que imprime de sentido a la vida individual en el contexto universal.











miércoles, 31 de enero de 2018

Acerca de los héroes y heroínas

El héroe cotidiano



El significado


   Son varias las acepciones: hoy en día se habla del héroe como el protagonista, el primer actor o actriz (heroína). En literatura, en el cine, en el teatro…

La voz héroe conecta con la hazaña. Con el hecho extraordinario. También con lo que sobrepasa a lo individual y trasciende lo personal.

Héroe nos lleva también al mundo mítico, en donde puede ser alguien más allá de lo humano, como Hércules o Danae en la cultura grecorromana, o David en la hebrea, o Arjuna en la hindú, Quetzalcoatl para los mexicas, Hou Ji (el señor del mijo) para los chinos o Gilgamesh en la sumeria, el más antiguo de los mitos heroicos conocidos.

Así que podemos hablar de héroes divinos (Zeus que se salva matando a Cronos, su padre el Tiempo), semidivinos, como los ya citados, y humanos.

El mito

La figura del héroe va de la mano del mito. Mito es un concepto que, en una de sus acepciones, busca explicar mediante el relato de algo extraordinario una historia (a menudo simbólica) que permite al grupo trascender lo inexplicable y congregarse alrededor de ello. En especial en los héroes humanos, el hecho portentoso es mitificado, así como su hacedor, para que quede gravado en el grupo para siempre y permita la trascendencia del hecho en sí y/o la cohesión grupal. De esta manera, el ejemplo para las generaciones posteriores se engrandece y perpetua a mayor gloria del héroe o heroína y del grupo social.

Existen mitos diversos: los hay que pretender dar solución a lo inexplicable (ej. vida versus muerte), aquellos que buscan sobrepasar y trascender etapas de la vida y también superarlas, o tambiica es abundanterobre héroes. Enindividual. Del heroe o trascender etapas de la vida y tambipara las generaciones posteriores seén glorificar valores como la valentía, la compasión, el amor, la fe y otros que sugieren siempre la trascendencia del egoísmo personal.

En ocasiones, el mito se apoya en historias o cuentos que existen en la tradición oral y en la fantasía tribal. Otras veces, un hecho real importante es mitificado para ejemplo de todos y convertido en ejemplar y de fe.

El héroe interior personal y el grupal

Es preciso mencionar también los héroes y heroínas humanos normales. De los que poco o nada sabremos de su vida individual. Del héroe y heroína desapercibidos para la mayoría. Sin embargo, son aquellos que siguen el ejemplo y trascienden el interés personal.

Como hemos visto, un héroe es quien acomete un acto fuera de lo común en beneficio del grupo, local o universal. Hay héroes de diverso cariz: patrióticos, tipo Agustina de Aragón; religiosos, como los santos de la iglesia, los mártires o los de milagros a los que la Institución santifica como ejemplo para los demás del grupo. (Es evidente que personas o hechos son mitificados por política o ambición). También políticos, como Juana de Arco, Nelson Mandela, el mismo Mao …

El carácter ejemplarizante es muy importante, pues el héroe se transforma, de esta manera, en guía para quienes asumen un camino similar. Hay, por lo tanto, héroes para los cristianos o para los militares o para los patriotas y para todo aquello que queramos imaginar.

A los niños se nos enseñó a seguir el ejemplo de nuestras grandes figuras, a los que se levantan estatuas, poemas o cuentos ejemplarizantes.

Los héroes se convierten así en algo que queda inmortalizado y que adquiere una dimensión más allá de lo meramente humano.

La literatura heroica es abundante así como quien la ha estudiado. En el siglo XX, destaca la persona de Joseph Campbell, quien estudia la mitología y los símbolos divinos y semidivinos en su obra cumbre “Las máscaras de Dios”. Para Campbell los mitos derivan de una fuente primaria y se tiñen de diversas caras según los tiempos y la cultura. Sigue así la deriva de Carl Jung y su tesis de los arquetipos universales.

En mi vida de lector, considero la obra de Campbell como uno de los hitos más importantes del tema. Las horas que pasé leyéndola están entre las más gozosas que he tenido como lector. En cada uno de sus cuatro volúmenes, podemos seguir como se  sumerge en las tinieblas del neolítico, para perderse en los tenebrosos orígenes de nuestra historia y esencia humana, hasta llegar a los tiempos actuales.

Aprender del héroe
Si nos circunscribimos a seguir el camino de otros, héroes o no, creo que nos perdemos el asir el significado de nuestra propia vida. Cada persona tiene un camino a perseguir. Y, sin embargo, para lo que nos sirven los ejemplos mitificados de las figuras heroicas es para comprender los retos que se nos han presentado, se muestran y se manifestarán en nuestra vida. Incluido el último de todos, que es siempre el tránsito de la vida a la muerte.

Cuando echo la vista atrás y veo el (ya largo) camino recorrido, pienso en mis propias etapas heroicas transcurridas. Las dificultadas superadas y tantas otras dejadas de lado o con aparente derrota. Las hidras de 7 cabezas personales que hubo que cortar, la pelea con mi propio dragón y las más de una vez que pude rescatar a la princesa, y tantas otras no. Pues la princesa se presenta casi siempre en diversas formas, a medida que vamos avanzando en la vida y superando unas dificultades para tropezar con las siguientes.

Porque el héroe triunfa a veces. Y otras fracasa en el sentido literal, pero puede que no en lo trascendente.

Visto desde lejos, subido en la montaña del pasado recorrido, puede que fracaso sea simplemente un juicio de la mente. Cuando pensamos en Prometeo podemos verlo como un éxito y desde su castigo como un fracaso egoico en función de una meta más allá de lo personal. Quien, sin miedo a los dioses, roba el fuego para los hombres y es severamente castigado por Zeus a quedar encadenado a una roca, mientras un águila le come el hígado a diario, pues, al ser inmortal, crece cada noche.

Pero Prometeo hace esto en beneficio de toda la humanidad y puede decirse que, en nuestra cultura,  es nuestro primer héroe, en este caso semidivino como hijo de humana y de dios.

Hay pues algo común a los héroes y, en el viaje por la vida, vale la pena detenerse para saber si hemos sentido el llamado, si hemos pasado por etapas, si hemos superado los obstáculos, si hemos osado buscar el premio que conlleva el atrevimiento. Y ese premio no es siempre algo obvio. La lectura de los grandes mitos nos ayuda a entender las etapas, las dificultades los retos por los que de una manera u otra todos hemos pasado o pasaremos.


Existe naturalmente la gloria, algo que los griegos y romanos tomaban mucho en cuenta. También el premio en el más allá, como la santificación cristiana o las veces en que los dioses premian a los héroes con la inmortalidad.

Existe también el premio personal. El que uno mismo se otorga, pues sabe que ha cumplido con su objetivo, con su cometido, desde un introyecto exterior (el deber cumplido) o interior, en la satisfacción propia.

(continuará)









ya 10 años

  Ya diez años desde que inicié este blog.

   He querido compartir experiencias personales, aspectos que me han llamado la atención de la vida, también asuntos más profesionales de la terapia Gestalt y todo en general en lo que he podido a lo largo de mi vida olfatear que tuviera que ver con el interés por la vida.

   Ese último aspecto ha guiado, junto a otros más mundanos, el sentido que he podido o sabido dar a mi existencia .

   El saber que hay personas que al leer mis comentarios de vida han despertado a curiosidad es lo que más me ha animado a continuar con el blog.

   Desde luego que también los comentarios tras los excretos, que leo siempre con interés y que en ocasiones me animan a repensar las cosas.

   A todas y todos gracias por ello.

   Y que el año que ya empezó os traiga salud y paz.