Vacío

De hecho no sabemos muy bien qué pueda ser
el vacío, es decir la ausencia de energía en un espacio-tiempo.
Puede ser que intentemos imaginar lo que es
el vacío “físico”, pero ciertamente hasta el momento no lo hemos experimentado.
En lo que hace al vacío interior, lo que la
cita (de I. Yalom) pretende es decirnos que al humano le es difícil, que no
imposible, dejar de rellenar el tiempo con actividades, ya sea mentales o
físicas. Ni siquiera el sueño queda fuera de la actividad mental, con independencia de que lo recordemos
o no. Krishnamurti afirmaba que si lográramos parar la actividad mental en el
sueño conseguiríamos un descanso mucho más eficaz. Pero, como bien se han
encargado de recalcarnos los psicólogos y en especial los analistas, el
inconsciente no deja de trabajar, ya sea para tratar de resolver asuntos
inconclusos, ya sea para ordenar las actividades individuales o de la especie.
La mente humana, en cierto modo, también rehúye
el vacío. El vacío lleva a la incertidumbre. Es decir a no saber qué puede ser
de nosotros en el futuro. De poco o de nada sirve pensar que solamente el presente
existe cuando la ansiedad o la angustia se apodera de nosotros. No es con
razonamientos que lo podemos resolver.
La incertidumbre, para la psicología
existencial, a la que pertenece Yalom, está relacionada con el trauma de la
existencia. Y ese trauma tiene que ver con la certeza que se produce, ya desde
la infancia, del contacto con nuestra existencia efímera. En algún momento, ya
el niño sabe que la finitud es un hecho y que algún día morirá. Aun cuando los
padres, desde su propio miedo, y la cultura actual tratan de alejar al niño de
la muerte, tanto intra-psíquicamente como en el exterior el niño tiene contacto
con los animales o las plantas, que mueren o con los objetos que se rompen. El niño
busca y habitualmente logra distraer este miedo enterrándolo en el
inconsciente. Posteriormente, el adolescente y el adulto van consumando el
proceso de enterrar el miedo, sustituyéndolo con otros mecanismos.
Para evitar esa angustia, en opinión de Yalom,
el organismo inventa dos grandes defensas: la primera pensar y tratar de asumir
que tenemos algo de omnipotente. Es decir que los demás mueren. Pero a nosotros
no nos tocará nunca en el momento presente.
La segunda es acudir a la protección de un
ser o idea superior, que nos protege del peligro de desaparecer para siempre
jamás. Véase un dios, una vida trascendente ulterior, ser acogido por “otra
Realidad”…
El problema con estas “defensas” psíquicas
es que nos defienden, pero nos impiden desarrollarnos completamente en tanto
que seres finitos. Y nos obstaculizan para realizarnos completamente en esta
existencia.
Por ello, la terapia existencial busca acompañar
al cliente en el descubrimiento de estos mecanismos “enterrados”, que funcionan
como una pantalla amortiguadora de la ansiedad/angustia ante el hecho innegable
de la muerte.
Una vez más la ansiedad, está ahí para advertirnos
de que hay algo que nos acompaña y no tanto que nos persigue. Por ello,
intentar terminar con ese síntoma mediante medios artificiales (por ejemplo
fármacos) o dizque naturales (creencias) no deja de ser un paliativo, que no un
remedio para la situación de nuestra existencia.
Este tipo de enfoque terapéutico está
especialmente indicado para aquellos terapeutas que han vivido la experiencia
de la muerte de personas cercanas o enfermedades graves y que han podido sobrellevarlo sin tratar de
distraer la situación con otras: por ejemplo desconectarse, o buscar remedios
que hagan de la separación o de la muerte algo irreal o innecesario.
Y especialmente dedicado para clientes que
padecen una ansiedad o angustia vital, que trata de protegerse bajo síntomas de
diversa índole.
En cualquier caso, pienso que a todos nos
resulta conveniente echarle una ojeadita a como enfrentamos el hecho cierto de
la finitud, y que habitualmente posponemos al momento en que seamos ancianos o
enfermos. Porque, si no lo hemos visto antes, la ancianidad o la enfermedad
pueden ser entonces un obstáculo difícil para enfrentarse con claridad a la
muerte. Pero, sobre todo, habrá estado guiando nuestra acción por territorios que
no siempreeran los que realmente hubiéramos deseado.
Vanitas vanitatis omnia vanitas