lunes, 6 de mayo de 2013

Cerebro y sí mismo






Biología y Psique: cerebro y sí mismo



“Salir del bosque húmedo… hizo que encontráramos el punto óptimo que combina una saludable competencia con un alto grado de cooperación. El flujo y reflujo de la oxitocina y la testosterona”
Paul Zak: “La molécula de la felicidad”


1.- El yo y su sede.

El descubrimiento de los agentes que modifican la actividad del cerebro ha proseguido de forma constante desde mediados del siglo XX.  Son ya docenas el número de moléculas descubiertas que modifican la actividad cerebral y por tanto la percepción de la “realidad”. A partir de diferentes estados anímicos han podido encontrarse un mayor número de unas que de otras, un flujo mayor de oxitocina, la molécula que favorece la empatía y la sensación amorosa, o de testosterona, a la que se atribuyen factores como la agresividad y las percepciones y reacciones de defensa y ataque.
Así mismo, el estudio de  las localizaciones de las distintas emociones y  funciones en el cerebro se conocen cada vez mejor, gracias a las modernas técnicas que permiten el estudio de este complejísimo órgano (como por ejemplo la tomografía cerebral computarizada).
El cerebro, como el resto de nuestro organismo, ha evolucionado y sigue evolucionando en la historia. Desde que los primeros homínidos aparecieran en la Tierra, hace millones de años, no ha cesado de cambiar. Arrastramos, al parecer, las consecuencias de distintas etapas, a lo largo de las cuales hemos pasado de un cerebro reptiliano, en el que las emociones no existían, a un cerebro que es sede de nuestra vida emocional, además de ser el de nuestra conciencia de seres individualizados.
Para muchos, tal vez la mayoría, de los estudiosos de la ciencia biológica humana, nuestra conciencia es una consecuencia de esta evolución cerebral. Para los científicos, el yo es un subproducto, un derivado de la evolución.
Por eso, raramente entran en discusión filosófica acerca del espíritu, del alma o de la consciencia. Estos son asuntos que quedan en el territorio de filósofos o de gente de ideas religiosas.
El mundo de la ciencia, el de las valoraciones “objetivables”, se limita a describir como se producen las ideas, una de las cuales es la de sentirse como ente independiente del resto de la creación.
La interrelación entre moléculas que alteran el estado del cerebro, y por tanto de nuestra percepción, es uno de los estudios más fascinantes de la biología actual. Su aprendizaje ha impregnado de una manera sustancial a la psicología (y por supuesto a la medicina), hasta el punto de que las neurociencias y la neuropsicología han entrado de lleno en los estudios del hombre.
Recientemente, terminé de leer una valiente publicación del investigador Paul J. Zak acerca de la interrelación principalmente entre oxitocina y testosterona, que enfatiza el carácter bioquímico de nuestras emociones. A pesar de  que echo de menos el que no pone suficiente énfasis en la vinculación entre organismo psíquico y físico, es bien importante  como destaca que la aparición de las sustancias cerebrales puede ser consecuencia de las emociones que se suscitan en cada momento, de la misma manera que viceversa.

2.- El cambio de paradigma.

 La ciencia así llamada occidental, se ha envalentonado con los descubrimientos de la información genética, de las áreas y localizaciones cerebrales de las facultades sensoriales y otras habilidades. También de las ya mencionadas sustancias catalizadoras de estados anímicos y de nuevos y sofisticados aparatos de medición cerebral.
De esta manera, los “científicos” ven como algo innegable que el “sí mismo” (o yo) tiene su sede en el cerebro y consideran que, tarde o temprano, la así llamada consciencia alcanzará su lugar de comprensión entre los artilugios que el cerebro ha diseñado para ponerse al frente de la evolución humana.
Estas afirmaciones del conjunto casi completo de la ciencia siguen siendo confrontadas (cuando no perseguidas) por sectores de la sociedad, en particular aquellos que echan raíces en estamentos religiosos, de naturaleza mayoritariamente conservadora e inmune a los descubrimientos científicos. Casi siempre se arrastran muy antiguas afirmaciones acerca de la naturaleza del humano y de la conciencia.
Las contradicciones pueden interpretarse como un choque de paradigmas. Paradigma, siguiendo a T. Kuhn, es una afirmación que es base para muchas otras y que se suele mantener incólume hasta que otra viene a derribarla y a instalarse en su lugar. Un ejemplo clásico es el paradigma de la Tierra como centro inmóvil del Universo, que fue base del pensamiento medieval y que fue sustituido al colisionar con el nuevo paradigma de “eppur si muove” de Galileo, tras tener que luchar contra el inmovilismo propiciado por la Iglesia cristiana.

3.- Ciencia y espiritualidad.

No todos los religiosos son tan conservadores como los oponentes de Galileo. Tal vez debido a la misma desgracia de la invasión china de su país, tal vez por su carácter curioso, el líder de los budistas tibetanos, el Dalai Lama Tenzin Gyatso, ha promovido muchos encuentros entre hombres de ciencia occidentales y religiosos budistas.
Cuentan con la ventaja respecto del mundo cristiano que el budismo es  una religión o corriente espiritual en la que la idea de dios o no existe o está fuertemente disuelta -según las variantes del budismo- bajo conceptos como la “luz clara” o la “consciencia universal” (permítaseme la simplificación). En estas concepciones no hay una subjetividad divina ni, para la mayoría, una consistencia en la idea del yo, que suele ser definido como un producto de la mente.
Pues bien, el Dalai promovió , como digo, una serie de encuentros, en los que se trató en particular del tema de la localización del yo y de la manera de entender la conciencia. A este respecto, recomiendo la lectura de “Dormir, soñar y morir”, un libro en que se recoge una de las reuniónes mediada por el propio Dalai con científicos “occidentales”. Es rico en ideas acerca de cómo entender la subjetividad, el sentido de la existencia y las relaciones entre ciencia occidental y budismo.
Lo interesante para mi del asunto es que, por encima y al margen  de creencias religiosas (en el caso budista, de la reencarnación), el concepto de sí mismo de buena parte de nuestra ciencia y el de la tradición budista (al menos de una importante sector del budismo) coinciden admirablemente. Además el Dalai, lejos de paternalizar el asunto y de imponer ideas, se interesa por las fórmulas más modernas de entender el cerebro en tanto sede de la conciencia.
Aporta además un antiguo paradigma tibetano y es que,  para ellos, el sentido del yo y de la consciencia tendría su sede en el corazón. Es una afirmación difícil de mantener después de que los trasplantes han demostrado que el yo no parece verse seriamente afectado por el trasplante cardíaco y sí en cambio cuando acontecen daños cerebrales.
Por su parte, el Dalai se muestra partidario de seguir investigando y de recoger con técnicas occidentales las impresiones y sensaciones de `personas que son capaces de alcanzar estados de conciencia elevados, a  través de técnicas meditativas para seguir avanzando en la indagación.

4.- Vías de conocimiento.

Si el sí mismo es un derivado del cerebro, alcanzado para que la evolución siga su curso por el "mejor" camino o si es una entidad diferente del cuerpo, ha sido un tema que siempre ha fascinado a la razón del hombre en cualquiera de sus tiempos o espacios. Filósofos, religiosos, o científicos, entre otros, nos han dado opiniones o experiencias subjetivas.
Creo que se trata de un asunto que importa a todos, al menos a quienes l nos hemos afanado en pensar acerca de qué es el hombre y  qué es ser hombre.
Son diversas las vías  en que podemos alcanzar conocimiento. Ninguna tendría porqué ser incompatible con las demás: la investigación científica,  la experiencia meditativa, la experiencia orgíástica de la danza derviche, la integración de experiencias psicotrópicas con ayuda de la razón, la experiencia iluminativa o la práctica del tantra son algunas de ellas, sin pretender apurar todos los caminos.
También, y para mi sin genero de duda, es una vía la comprensión de los fenómenos mentales que nos permite la ciencia actual, con su estudio cada vez más profundo del cerebro, la antropología y la ciencias de la evolución, y la comprensión de las variables bioquímicas con las moléculas que alteran o inducen la cerebro a estados diferentes. Todo ello es un elemento esencial para comprender la esencia del humano.

Somos organismos físicos y mentales en permanente interrelación.
A cada quien le corresponde entenderlo y entenderse.
A cada uno le atañe su propia investigación.

Homo sum,
Humani nihil a me
Alienum puto

(“hombre soy: nada humano me es ajeno”)
Publio Terencio Africano (165 a c.)





miércoles, 24 de abril de 2013


"Ya que amar es un acto,
al igual que la felicidad,
y que la amistad,
éstas consisten más bien en amar que en ser amado"

Aristóteles
Ética a Nicómaco
(citado por A. Compte-Sponville en "Le sexe ni la mort"





Y de esta manera el amor se aleja de la forma narcisista de ser, que tan solo se contempla a sí mismo como objeto de amor y acaba ahogado en el estanque de su espejo....

martes, 9 de abril de 2013

In memoriam




Un amigo querido me sugiere una nota sobre la desaparición de tres relevantes personas del siglo XX. 
Le hago caso.



Sampedro-Montiel-Thatcher

Hoy me he enterado del fallecimiento, en estos dos días, de tres personas bien diferentes, salvo en la edad y en su independencia de criterios, puesto que las tres eran ya ancianas y autónomas: murió el profesor José Luis Sanpedro, la actriz y cantante Sara Montiel y la Sra. Margarita Cardo, también conocida como Margaret Thatcher.
De los tres, con mucho mi preferido era José Luis. Había sido hace ya años profesor mío en la Universidad, cuando corrían los últimos estertores del franquismo.
Hombre de una enorme brillantez intelectual, unida a un gran coraje, fue maestro de maestros. Había iniciado la enseñanza por entonces de la economía del subdesarrollo, además de poseer profundos conocimientos de economía mundial.
Tenía el verbo ácido y sabía llamar a las cosas por su nombre. Todavía recientemente, no tuvo pelos en la lengua en llamar a Rajoy “es Vd. un h de p”, refiriéndose naturalmente, no a la madre del político gallego, sino a su actitud para con la gobernanza de este país. Desde esta actitud un tanto amarga, aunque siempre interesante, vivió una vida en una profunda plenitud.
En su última etapa se dedicó también a la literatura y mantuvo una actitud independiente en relación a ideales dizque políticos. Hoy leía que  dijo  que se muere con la amargura de que la mayor parte de los ministros de Economía españoles han sido alumnos suyos, pero –según él- muy malos alumnos. Y es que la economía viene gobernada casi siempre por las supuestas ideas políticas y sobre todo por los intereses económicos de unos pocos.
Para mi, se va una de las grandes figuras de nuestro siglo XX. Y con él una figura independiente y atenta a mantener a salvo sus valores por encima de otras importantes frivolidades.
…………

Sarita para mi va unida a mi infancia y a películas como “El último cuplé”. Tenía en común con José Luis que hacía lo que le venía en gana, lo mismo a la hora de elegir parejas o amantes, que de llamar a sus hijos o de casarse septuagenaria. Era una amante de la vida, orgullosa y siempre dispuesta a la primera fila.
Aprendí de ella esa independencia a veces frívola, pero siempre en contacto con lo que ella quería y exprimía de la vida.
Sara Montiel me producía una mezcla de admiración y envidia, por esa rara capacidad de hacer lo que le apetecía.
…………

En lo que se refiere a Margarita, simpatía ni le tuve ni le tengo. En un tiempo cargado de testosterona política, su feminidad era competitiva con los hombres: “the best man in Europe”, parece ser que la llamó el actor-presidente Reagan. Quería competir con Churchill, pero acababa siendo una chillona ama de casa que gritaba en Bruselas “I want my money back”, para darse un aire de landlady (lo que no le hacía falta pues era claro que lo tenía innato o adquirido).
Su actitud rígida y puritana, unida a sus conocidos ataques de ira (bien representados en la película acerca de su vida) terminó arruinando a sectores pequeño burgueses de su país y marginando a un sector de la población, en una Gran Bretaña poco acostumbrada a traspasar umbrales de miseria, desde la época de Charles Dickens.
Por no hablar de su conocida afinidad con dictadores americanos como Pinochet, a quien visitó con delectación, durante su devastadora detención en Londres a cuenta del Juez Baltasar Garzón.

Tanta paz se lleve como deja.

Por mi parte, desde luego no la echaré de menos. Y recordaré como desguarneció las Malvinas, para luego reconquistarlas a la cruel dictadura argentina, que pretendió aprovecharse de este extraño movimiento político militar thatcheriano de dejar unas islas tan a la merced de los milicos.

Todo pasa y todo queda
Pero lo nuestro es pasar
Pasar haciendo caminos
Caminos sobre la mar
A. Machado

jueves, 4 de abril de 2013

Pensamiento meditativo primaveral







Cuando lo que parece que es deja de
ser,

Lo que parece que deja de ser
Es

jueves, 21 de marzo de 2013


Primavera, equinoccio y Pascua      



  En esta época del año y en estas latitudes, creo que los citadinos necesitamos, más que nadie, volver a ponernos en contacto con la Tierra.

  Con la naturaleza que nos rodea, y que es difícil percibir en el mundo ruidoso y contaminado de las ciudades.

 Es este el tiempo porque, tras el invierno, que trae adormecimiento en el reino vegetal, las plantas vuelven a brotar, las flores se abren en los parques, en las zonas verdes y especialmente en el campo.Pero, incluso en un modesto balcón, podemos percibir cómo las plantitas crecen, los insectos despiertan de su sueño invernal, el sol empieza a calentar y los días se hacen más largos.

  En estas latitudes, porque quienes viven más cerca del ecuador del planeta tienen otras vivencias, cómo es la llegada de las lluvias, tras el período de sequía. 

Los ritos estacionales.     

 Para nosotros los que nos hallamos en los hemisferios con estaciones, la primavera está llena de rituales.          

 Hay olores que reaparecen, plantas que vuelven a resurgir, animales que despiertan de su letargo…El mito del grano enterrado y renacido, el hijo de la diosa que muere al terminar el otoño y renace para la primavera, ha sido adaptado por las diferentes religiones o rituales, tratando de darles un sentido, una finalidad dentro del grupo social. Al tiempo que las religiones se autoproponen como dadoras de sentido a la existencia. Pero ese sentido difiere de la sencillez con la que se originaron.

 El ritual cristiano

  Así, por ejemplo, en este país, llega lo que llamamos la “Semana Santa”. Los rituales de la Pascua en que el hijo es sacrificado, para renacer después, son tan antiguos que hunden sus raíces en la historia más antigua de la cultura humana.
  El que los gestores del mito cristiano lo hayan transformado en una verdad rígida, desprovista o separada de su valor simbólico, ha motivado mucha falta de comprensión de su verdadero sentido.Principalmente porque, a lo largo de su larga y dominante historia, la así llamada Iglesia ha pretendido tener la llave del reino de dios (atribuida a  -San- Pedro y a sus supuestos herederos,) Y, por lo tanto, ha inhabilitado o perseguido a todo el que ponga en duda que los mitos cristianos son realidades y no formas de entender la existencia.Todos sabemos el sinnúmero de crímenes y persecuciones que han sufrido (y todavía sufren) quienes desafían la ortodoxia aparentemente  benevolente y disfrazada de amor de este tipo de instituciones jerarquizadas (que cada quien lo entienda desde la óptica religiosa que asume).

  La primavera es una estación particularmente amorosa y llena de generosidad.Poco a poco, además nos acercamos a los días más largos del año y consecuentemente a las noches más breves.

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  Salutación

  Por lo tanto,  dejo de lado ahora este asunto para compartir con quienes me acompañáis la extraordinaria belleza de la primavera y la resurrección de la vida en este presente, efímero sin duda, y también único y aprehensible con nuestros sentidos.

 A todos os deseo una muy Feliz Pascua Florida y que esta vuelta a la vida os resulte feliz y amorosa.

sábado, 9 de marzo de 2013

Instante

   
El Instante


Hoy, tras tantos días de lluvia, entró el sol por la ventana. Apenas estaba saliendo, en el horizonte de casa, del fondo de la ciudad, dormida y silenciosa tras la intensidad de la semana.
    Primero se iluminó el rostro de la estatuilla de madera. El budita sonreía, o así lo parecía al recibir la luz del sol.
    Al poco, el sol se trasladó despacio pero ininterrumpidamente a alumbrar su manto, para luego dejarlo de nuevo en la sombra e irse a dar luz a otro lugar de la habitación.
    Me tocó verlo desde cierta distancia. Y apareció mi vida, soleada en tiempos en una parte y luego en otra. Y más tarde en mi alrededor. A veces brillante, a veces en la sombra.
   Y me di más cuenta  de que a un día le sucede otro y que el sol sigue su camino, acompañándome mientras estoy y me doy cuenta de que es así.
  Y pienso que el presente es esta sucesión de pequeños instantes, unidos por mi atención.
  Y el pasado pasa a ser  la acumulación de esos mismo instantes en mi memoria, mienstras está.
Y todo ello me deja una sensación de serenidad, que ni es alegre ni es triste.

jueves, 28 de febrero de 2013

Retratos humanos: el Pater familias




El “pater familias”

Le recuerdo siempre mayor, como si nunca hubiera sido joven. Un hombre responsable, maduro, objetivo, cuerdo: en definitiva,  justo. Creo que la pañaba que más le gusta decir era “razonable”, es decir “nada que se salga del tiesto”. Otra palabra que viene siempre a su boca y le define es “decoroso”, lo  que sirve lo mismo para una actitud conveniente que para un modo de vida. Igual para el comportamiento femenino que para saber estar en un lugar. La vida ha de ser llevada con decoro. Y la razón para hacerlo es interior desde luego, pero también porque hemos de vivir diferente de los pavos, o de los monos, conforme a nuestra naturaleza “humana”. El decoro -según su discurso- nos hace humanos y permite que la sociedad progrese.
Siendo yo muy niño, le veo con su sombrero de fieltro, con el ala ligeramente inclinada sobre la frente muy amplia,  de su cabeza despejada y en forma de óvalo casi perfecto. Anda siempre tranquilo, nunca corre, avanza como un elefante, seguro de su corpulencia y de su verdad.
Sus ojos azules tranquilos me producen respeto y basta una mirada severa para que sienta una cierta intranquilidad, cuando no un miedo cierto. Hay un aire ligeramente aristocrático en alguien que se sabe seguro de sí y que, por lo tanto, trata a todos por igual, sabiendo que él va a ser tratado con respeto. Le gusta saberse ético, correcto, con autoridad. Educado, culto, más enciclopédico que original, acude al manual igual que a las santas escrituras. Su tono es docto, cuando no doctoral y produce una admiración, mezclada con un poco de aburrimiento.
Su reloj funciona al igual que él, al segundo. Siempre puntual, tolera mal la impuntualidad, puesto que, pudiendo hacer las cosas bien, ¡cómo es posible hacerlas mal!
No es hombre de miedos existenciales y su vida es tranquila y convenientemente rutinaria. Su ansiedad se refiere más a que haya comida en el hogar o a que sus hijos logren carreras honorables y desde luego universitarias, que a pensar en la muerte y menos en  “otras” vidas.
Le molesta el ruido y todo aquello que se sale de quicio. Lo mismo si es música que si es un grito o un silbido fuera de lugar. Todo tiene un sitio y hay un lugar para cada cosa. El loco en el manicomio, el poeta en el campo, el general en el cuartel y los vasos en la alacena.
Su vida ha pasado por etapas muy diferentes. Nacido en un lejano lugar de las Américas, en el seno de una familia de alta burguesía, pronto ha tenido que tomar responsabilidades tempranas, al quedar huérfano prematuramente de padre. Ese padre que ha quedado en la memoria como un hombre al que recordar siempre por su buen carácter y por su ética humana. Ese que, antes de morir reúne a sus hijos y les dice simplemente: “hijos sed buenos no porque haya castigo ni vidas futuras, sino porque hay que serlo”.
De esas Américas, regresa a la patria francesa de sus abuelos y  recibe severa y correctísima educación en ese país orgullosamente cartesiano. Para luego vivir los enhiestos e inseguros años de la República española, la prematura carga de los hijos y la guerra civil. Etapa de privaciones y de empequeñecimiento económico y espiritual. Pero la gruesa capa de fortaleza le hace tirar con todas las responsabilidades añadidas, aún a costa de padecer ese asma que le costaría la vida muchos años después.
Hombre siempre dispuesto a ayudar y cercano a su familia, mi mejor recuerdo es su mano grande y firme en la mía pequeña, camino del colegio. “Algún día ya no querrás dármela”… Cierto. Y también que el recuerdo, bueno,  queda en mis profundidades para siempre.
Es época de perdones y por tanto no de reabrir viejas heridas, consecuencia de una rigidez y de un rigor de carácter que le hace decir que el educador ha de poner un tutor en el árbol joven para que crezca recto. Y ese tutor es, en ocasiones, respetuoso solamente en las formas y lejano en el corazón. Y es que las cosas se han de hacer bien y esa es la única forma de hacerlas… Pero nada es verdad ni es mentira. Y, según esos sus criterios, esos hijos-árboles tutorados no terminan de crecer todo lo rectos que quiere o que deberían.  Esta actitud que corrige toda conducta no adecuada, por ser  su vía la verdadera acaba produciéndole inquietud y desasosiego.
 Afortunadamente, esto ha quedado fuera de mi o al menos eso creo. Tal vez el gen materno tenga mucho que ver en ello y haya sido afortunadamente compensatorio.
Pero, aunque las cosas no salgan como debieran,  se conforma. Hay una especie de  realismo optimista, jovial,  también en su forma de ser. Un espíritu pragmático. Algo que afirma que más vale algo que nada.
 Ese pragmatismo ha quedado bien asentado en mis entrañas y se lo agradezco. Es una especie de don, que me permite ver  qué hay en la vida y que  puedo sacar el mejor provecho de las cosas, por pequeñas que resulten a primera vista. De manera similar a como, para él, el amor por lo correcto no quita importancia a las cosas cotidianas. Y cuánto puede disfrutar los buenos paseos, de una lectura literaria, o de la buena comida desde luego e incluso de la bebida, siempre que no se vaya más allá de los límites adecuados.
Puede que la hazaña que más admiro en la historia  de padre es el día que embarca, joven y apuesto, a lejanas tierras a buscar a la que quiere que sea su compañera de vida y además lo logra, aún sin tenerlas todas consigo de que lo vaya a lograr. Es su gran aventura romántica.

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Hoy me lo imagino a mi lado y de mi edad. Dos hombres ya bien maduros, cercanos,  charlando acerca de cómo les ha ido en la vida. Sin paternalismos ni jerarquías. Y siento un reconocimiento por la honestidad. Así cómo su rigor me pone rígido y lejano, su honestidad me produce liviandad y cercanía. También me llena la aceptación de ver lo humano, las dificultades para saltar hacia delante, para cambiar de rumbo, porque la familia, los hijos, la rutina, acaban lastrando a este tipo de carácter . Que, sin embargo, se comporta y vela, como decía el código civil español, “como un buen padre de familia”.

A quien sus vecinos, amigos, alumnos y familia acaban siempre por considerar que es “todo un caballero”. Lo que quiere decir que cumple con su palabra, que procura mantenerse siempre en un status adecuado, formal, civilizado.

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Gracias por lo recibido y por la enseñanza.

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Y que cada palo aguante su vela.