Obrando de esta manera, los días no se nos pasarían "sin darnos cuenta".
C. Quintana.
Zazen.

Y por voluntad no quiero decir deber. El deber proviene de otra instancia del sí mismo, que está relacionado con la moral y con la culpa.
En este caso, voluntad es una llamada del yo profundo. Ese yo que quiere vivir en el presente y no permanentemente atado a lo que vendrá.
Ese porvenir, tan ligado siempre a una vida mejor, nos aparta de la atención al presente.
Así sucede en la meditación sentada, en que el deseo de soltar los pensamientos y de estar en un estado de reposo y tranquilidad puede acabar produciendo más desasosiego.
Y así sucede en nuestro quehacer cotidiano, en el pan nuestro de cada día. Necesitamos atender con todos nuestros sentidos. Con todo nuestro ser.
Solamente así tendremos la certeza de que estamos viviendo la vida y no el futuro de la vida.
Fuera de la vida nada sabemos.
Es en la vida en que podemos realizarnos. Cumplir nuestro ser.
Y ello no es posible más que poniendo atención a lo que en cada momento estamos.
Y ese es el zen.