viernes, 10 de febrero de 2017

Polaridades 2a parte







2 Polaridades en una Gestalt
   
La realidad, alrededor y en conjunto con quien la observa, es una configuración en constante movimiento y cambio. Cambia quien la mira y muda lo que mira y se transforman mutuamente. Eso es una gestalt. Es fundamental entender, desde lo más profundo, que todo cuanto percibimos, incluido el que percibe, están en transformación. No existe el observador neutro, ni la realidad observada, inmutable. De ahí que el concepto de “contacto” tenga esa dimensión importante en la teoría gestáltica, ya que el contacto, desde que se produce, está también en permanente transformación hasta que muta en la separación.
   Nuestra percepción de la realidad interna y externa es, por lo tanto, raramente neutra. Por lo general, viene condicionada por percepciones,  juicios y valores de distinto tipo. Estos mismos juicios nos hacen situarnos a un extremo u otro de cualquier polaridad. Podemos decir que el mundo es bueno o  malo, entendiéndose que defendemos una u otra polaridad de acuerdo con el momento y lugar en el que vivimos y desde el que contactamos. Lo mismo, podría decirse de casi todas las  afirmaciones acerca de la realidad.
   También es interesante notar que, cuanto más polar es el juicio desde una percepción, más combativa se hace la persona en relación al extremo opuesto. Si afirmamos que hay que ser honestos,  más combativos con lo falso nos haremos, aún a costa de nuestra propia falsedad. Si afirmamos el valor de vivir sin ataduras, más alejados nos hayamos de establecer un compromiso afectivo.
   Por otro lado, la visión muy intensa de una manera de percibir algo, nos aleja,  e incluso impide,  explorar otras experiencias. Si hago un juicio respecto a como debe ser la sexualidad, estoy cerrando la puerta a la experiencia situada en el otro polo. Ello, en contrapartida,  nos da seguridad frente a la amenaza potencial de investigar nuevas y desconocidas fronteras que puedan amenazar nuestro (falso) equilibrio perceptivo y de contacto y por ende nuestra propia imagen.



3 Polaridades en Terapia Gestalt

   La percepción desde nuestros sentidos, o el razonamiento, puede que nos proporcione una idea limitada y aún deformada (cuando no errónea) de la realidad. Nuestros deseos y pensamientos, nuestro pasado también, nos puede conducir a apreciar tan sólo una parte de lo que hay y a que dejemos en el fondo de la percepción (el “inconsciente”) aquello que no conocemos, o que nos puede parecer difícil o amenazador o prohibido. Por ejemplo,  si estamos habituados a estar acompañados,  la soledad puede ser vista como algo incompatible con la satisfacción, o incluso a evitar: desagradable o lamentable. Siendo que la compañía es algo bueno, la soledad también puede serlo, si sabemos salir de la polaridad de “acompañado es bueno y solo es malo”. Nos permite  sacar provecho de otro aspecto de la existencia, en este caso vivir el conocimiento desde la experiencia de soledad. Pero si, a priori, lo tachamos de “malo”, si lo convertimos en una polaridad negativa de la compañía, jamás podremos desarrollar las posibilidades que ofrece estar solo.

   La vida,  y la capacidad para vivirla según la posibilidades de cada uno,  es un valor indudable. Saber que es limitada en el tiempo  y que, a cada quien, le llega el hecho de morir,  forma parte de estar vivo. Sin embargo,  si tomamos la muerte como una polaridad de la vida (“antivida”), como  algo que intrínsecamente es malo, no podemos vivir la vida con plenitud. Estaremos siempre huyendo de algo y limitando nuestra existencia y la de lo que nos rodea.

   Una gran parte de lo que nos puede motivar a descartar la vivencia de la experiencia de  una polaridad contraria es debida a la idea  que tenemos de esa experiencia: así,  decimos: morir es malo y vivir es bueno. Mucho de ello es consecuencia de valores sociales, culturales o familiares inculcados por obediencia o por rechazo: o por miedo. En la filosofía gestalt, morir tiene que ver con dejar ir, aceptar una realidad inevitable, hacer contacto con esta polaridad. Es evidente que no podemos vivir en permanente contacto, al igual que no podemos vivir para siempre. Trabajar y aceptar la separación, el final, como polaridad inevitable del comienzo es entender la dinámica de las polaridades y pasar a ver la vida y la muerte desde otro lado.

   En el trabajo de polaridades de la TG buscamos la exploración de las vivencias de los extremos negados, condenados o abandonados. Acompañamos a la persona a que se introduzca en sus miedos, en sus valores censurados o refutados, para saber de ellos y poder vivenciarlos. En ocasiones,  negamos o afirmamos el valor de algo porque así siempre lo hemos hecho. No nos hemos dado la posibilidad de discernir ni de experimentar. Hemos aceptado que estar solo es malo, o que estar acompañado es ser dependiente. Puede que sea por la educación. O por un trauma. O simplemente porque lo hemos dado por supuesto.

   Es importante entender que a medida que nos permitimos la experiencia de las polaridades, el valor del que partimos también cambia aunque persista. Podemos seguir viviendo acompañados porque es nuestra preferencia y también podemos disfrutar de experiencias desde la soledad

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