domingo, 31 de mayo de 2015

Los límites, en un cuento de Hastakín

  
El cuento de Hastakín


 Hastakin se sentó en la silla mientras esperaba ver pasar el cadavér de su enemigo, pues ese había sido el consejo de su sabio maestro .

   Con el pie derecho calentando al sol de noviembre, miraba el horizonte. Pasó un hombre cerca y le pisó.

   Hastakin le reprochó el pisotón, a lo que el hombre le replicó: " no fue mi intención pisarle, buen hombre, pero le recomiendo que aparte el pie para que no le pisen".

   Calló el sentado y siguió su reflexiva contemplación .

   Al poco rato, el hombre llegó de nuevo y en su rápido caminar volcó la taza de té de Hastakin. Éste protestó d e nuevo. El hombre le contestó " no deberías dejar tu taza en lugar tan inestable. No es mi responsabilidad." 

   Se bebió el  que estaba sentado lo poco que había quedado de té. Y trató de seguir en su atención.

    Poco después, el hombre regresó y se dirigió a él pidiéndole que le dejara sentar en su silla, alegando que estaba cansado, y lo necesitaba. Hastakin se negó. Pero ante su insistencia y la cara de desgracia que el otro ponía, se levantó para cederle el sitio.

   Y de repente... 

   
   De repente vio pasar el cadáver de su enemigo.

   Se sentó d e nuevo .

   El hombre le miró. 
   Y se fue.

   Y Hastakin pidió un te y  puso sus pies al sol.


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